En una entrevista del escritor John Arlidge en Newsweek, Soros ha dicho que son inevitables las manifestaciones ciudadanas en EEUU. “Sí, sí, sí”, ha respondido casi con cierto regocijo cuando se le ha preguntado por la posibilidad de que el movimiento Occupy se vuelva violento.
Soros ha dicho que las manifestaciones serán
una excusa perfecta para tomar medidas y tener mano dura para poder mantener la ley y el orden. Y si esta actitud se lleva hasta el extremo, se puede llegar a un sistema policial represivo, una sociedad donde la libertad individual se encuentre mucho más constreñida. Rompiendo así con la tradición de las libertades civiles americanas.
Nos vamos a enfrentar a una época donde sobrevivir va a ser lo más importante. Estamos en medio de un momento comparable en muchos aspectos a la Gran Depresión de los años 30. Se trata de una reducción de gastos general en todo el mundo desarrollado, que nos va a conducir a una década de más estancamiento. O incluso peor.
El mejor escenario posible es uno de deflación. El peor, un colapso del sistema financiero… En cualquier caso, el movimiento Occupy Wall Street es una manifestación de protesta incipiente y sin liderazgo.
Tiene razón cuando dice Soros que el malestar social no tiene liderazgo, pues las protestas están teniendo muchos vasos comunicantes con los millonarios, por los que están entrando abundantes subvenciones. Y esto con el objetivo de recoger, conducir y esterilizar una protesta colectiva verdadera hacia una salida en falso. Hacia un callejón sin salida.
Estos financieros están haciendo llegar sus dólares a destacados elementos de “preocupación social progresista”, entrenados desde la izquierda más social, para moverse como lobos entre corderos. Se trata no sólo de las antiguas asociaciones sindicales, sino especialmente de nuevos y jóvenes elementos como la líder estudiantil chilena Camila Vallejo. Sujetos que arrastran a las multitudes con un buen “marketing revolucionario” y permiten esa apariencia de “refresco generacional” al estilo Daniel Cohn-Bendit y que en su día ya pusieron en Jaque a De Gaulle por su insistencia en mantener el patrón oro.
Nuevas primaveras y revoluciones coloristas, pero con métodos tan antiguos como los empleados en su momento durante la revolción blochevique. Aunque ahora ya no es necesario llegar tan lejos, ya veremos dónde terminamos.
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