Aniversario de la apertura de los archivos de la Stasi
El 2 de enero cumplieron 20 años de apertura al público los archivos del Ministerio para la Seguridad del Estado (en alemán Ministerium für Staatssicherheit o Stasi) de la antigua República Democrática Alemana (DDR). Este aniversario es un hecho clave para el desarrollo del debate público y la conciencia histórica moderna. Por eso se están celebrando exposiciones y ciclos de conferencias. El fin de semana pasado visité las antiguas instalaciones de la Stasi, que son hoy museo y archivo. Un complejo gigantesco de bloques de la vieja arquitectura estalinista.
La Stasi fue una de las la policías secretas más grandes que jamás haya tenido país alguno. Tenía 97.000 empleados a tiempo completo en una población de 17 millones. Para darse una idea de lo que eso significa, en tiempo de los nazis la Gestapo tuvo 32.000 empleados para una población de 80 millones. A esa cifra hay que agregar la de los 170.000 informantes regulares (con contrato firmado). Si se considera que cada año se retiraba el 10% de esos informantes para agregar otros tantos nuevos, que la DDR existió durante 40 años y que se pedían informes con bastante libertad a los 2 millones de miembros del Partido Comunista, queda claro que una proporción significativa de la población adulta tuvo alguna vez la experiencia de ser informante confidencial de la policía secreta.
Había informes confidenciales sobre 6 millones de alemanes. Se puede decir que la sociedad entera estaba infiltrada de informadores. Esto no quiere decir que todo el mundo fuera un delator ni que todos los ‘delatores’ dijeran siempre la verdad. Significa, sencillamente, que cada vez que un individuo recibía alguna ventaja en el trabajo, quería viajar o cometía alguna infracción, podía ser presionado para dar información sobre compañeros, amigos o parientes. A esto hay que agregar el sinnúmero de teléfonos intervenidos, cacheos indiscriminados por la calle, intervención de correos, registro de paquetería, uso de médicos como informantes, etc. Cuando la policía quería informes de una persona recurría al chantaje, a entregar información falsa o incluso a amenazar a los hijos, por mencionar sólo algunas técnicas rutinarias.
Después de la caída el Muro de Berlín todavía tuvieron que pasar varios meses antes de que se sacara a la Stasi de su edificio. Estaban triturando los expedientes. Las máquinas trabajaban 24 horas al día, siete días por semana. Pero había demasiado papel: más de 180 kilómetros lineales de expedientes. Se habían llenado 15.587 sacos de papel triturado cuando el 15 de enero de 1990 un grupo de ciudadanos de la RDA, dirigidos por el valiente Joachim Gauck, tomó el edificio y frenó la destrucción de la documentación.
Con la unificación alemana se pensó que había que mantener cerrados los archivos, permitiendo la consulta de expedientes sólo a las autoridades, como se hizo en los demás países comunistas de Europa oriental. Esto habría implicado la posibilidad de seguir usando los expedientes por parte de la policía o de otras agencias de inteligencia internacionales. Pero gracias al movimiento ciudadano (y a las peculiaridades de la situación alemana, que mezclaba el reto de la unificación con el tema tan sensible de la verdad histórica en el país del nazismo y del Holocausto) se optó por abrir los archivos. Hoy trabajan uno 1.700 archivistas e investigadores en la restitución de los archivos triturados y la unificación de la información para su posterior consulta.
Por lo tanto, la fórmula de apertura de los archivos fue novedosa. Los ciudadanos tienen derecho a ver sólo sus propios expedientes (completos e incluyendo los nombres de los informantes y delatores), pero se permite también la investigación social y judicial bajo ciertos criterios y restricciones, para poder hacer una valoración pública sobre la actividad de la policía secreta.
El resultado de esta política ha sido bastante traumático en parte. Muchas personas que han optado por no pedir su expediente, para no saber quiénes les delataron. Hay demasiados ejemplos de esposos que dieron informaciones sobre sus cónyuges, por ejemplo. Varios intelectuales de la cultura de la DDR tuvieron que explicar por qué fueron informantes de la policía y cuál es el sentido de sus actos. Hubo casos de personas que habían dado información falsa para proteger a sus seres más queridos, que aparecían simplemente como delatores.
Las leyes para el control de internet
En la época actual, donde existen bases de datos amplísimas que se compran y venden sin que nadie se entere, vale la pena reflexionar sobre esta siniestra historia orwelliana. Especialmente ahora que se están comenzando a posicionar los estados para controlar Internet mediante leyes con apariencia benévola para la “protección de la propiedad intelectual”, pero que persiguen en el fondo la búsqueda y aniquilación de las páginas disidentes de la “cultura dominante”, en muchos casos informadores de la estafa oligárquica que nos gobierna y favorables a una libertad colectiva y democrática . Se trata en el fondo de localizarlos y proceder a su neutralización mediante el cierre directo sin proceso judicial de sus páginas web, tan molestas a un “sistema” que vive por y para la ignorancia de los ciudadanos, de forma que este tipo de información les resulta terriblemente contraproducente para sus bastardos intereses.
Las leyes no son otras que el ACTA, la SOPA y la PIPA (en España se incluye la Ley Sinde, por supuesto). La diferencia con la Stasi es que ahora no se necesitan delatores, pues las leyes de Internet son cada vez más restrictivas, obligando a registrar y unificar la información de cada usuario de los servicios telemáticos. Dándole la vuelta a un servicio informativo que resulta de la colaboración libre y espontánea de los individuos, los gobiernos pretenden abusar del estado para proteger su posición privilegiada, registrando y persiguiendo a los elementos que más les incomoda. Impedir este giro está en sus manos.
Por cierto, estos eran algunos de los departamentos de la Stasi:
Claudio Lomnitz, Aniversario de los archivos de la Stasi, corregido y ampliado por Huestes de Don Rodrigo
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