Desde el estallido de la crisis de la deuda a finales de 2009, se han multiplicado las similitudes entre la situación económica de Grecia y la crisis económica que asoló Argentina hace justo 10 años. Por ejemplo, existen asombrosas semejanzas en la evolución de los diferenciales antes de la quiebra.
Por otra parte, según la investigación sistemática llevada a cabo por el Centro de Estudios de Política Europea sobre los paralelismos antes del inicio de la crisis de la deuda y la forma de gestionarse, aparecen una serie de similitudes estructurales tanto económicas como políticas que dirigen la secuencia de los acontecimientos hacia la quiebra de Grecia, de forma semejante a como en su día sucedió en Argentina.
Una década de Unión Monetaria parcial
Desde principios de 2010, muchos observadores independientes hicieron hincapié en que Grecia se enfrentaba con un problema de solvencia económica, en lugar de un problema de liquidez. De igual manera a como sucedió a Argentina hace una década.
En 1991, con el objeto de estabilizar la inflación, Argentina le dio la vuelta a la situación monetaria interna enganchando su divisa al dólar americano y los tipos de cambio que dictaba la Reserva Federal. Al principio el nuevo ajuste funcionó bien. La tasa de crecimiento fue positiva, se ganó la confianza de los inversores extranjeros y entraron de inmediato capitales desde el extranjero y una riada de inversiones, principalmente en el sector bancario para la concesión de créditos hipotecarios y préstamos al gobierno.
Diez años más tarde (en 2001) la economía griega tuvo una experiencia similar, adhiriéndose a la Unión Europea. Abandonó la soberanía monetaria al transformar sus dracmas en euros, superando en un principio los problemas financieros crónicos que tenía y la inflación descontrolada. Por un período de aproximadamente nueve años hubo equilibrio presupuestario, la inflación se mantuvo a raya y apareció un importante crecimiento económico, impulsado por entradas de capital con tipos bajos debido a la convergencia financiera europea.
Para Argentina, las primeras tendencias negativas aparecieron desde el comienzo, evolucionando durante toda la década de los 90. Una serie de choques externos políticos y económicos como la crisis mejicana de 1994, la revalorización del dólar en 1995, la crisis del sudeste asiático en 1997, la quiebra rusa en 1998 y la crisis monetaria de Brasil de 1999, llevaron la moneda nacional a un estado de grave sobrevaloración. Lo que resultó en un empeoramiento constante de los déficit externos y la desaceleración paulatina del crecimiento económico. Mientras tanto, los desequilibrios fiscales acompañados por un gran aumento de la corrupción, así como los gastos públicos excesivos, empeoraron hasta tal punto la situación que poco antes del 2000 los inversores comenzaran a preocuparse por la solvencia del país, lo que condujo al descenso en picado del valor de los bonos del Estado.
Al igual que en Argentina, los problemas griegos comenzaron a aparecer bajo la presión de acontecimientos externos. Después de la crisis financiera internacional de 2008, la aparición de un gran riesgo sistémico en los mercados financieros internacionales retrajo las entradas de capital en Grecia y a continuación el crecimiento económico. La falsificación de los datos de la contabilidad nacional fue una excusa mediática (pues era de sobras conocido por los inversores) para dar la señal de salida del país, de forma que el spread de los bonos emitidos por el gobierno griego aumentó dramáticamente en menos de un año al no encontrarse dinero para los procesos de refinanciación de la deuda.
Enfrentándose a la crisis: La austeridad fiscal
A pesar de un crecimiento positivo en la economía durante la década de 1990, la deuda de la Argentina casi se duplicó (de un 34% a más del 60% del PIB), debido principalmente al aumento de las necesidades de fondos para cubrir los gastos fuera del presupuesto (por ejemplo, para las deudas preexistentes y las que ya estaban comprometidas con pensionistas y proveedores). También creció la deuda por los gastos excesivos de un sistema tributario que los analistas consideraron eufemísticamente como “opaco”. A partir de 1999, principalmente bajo la presión del FMI y de las condiciones de los tres programas consecutivos de apoyo financiero, el gobierno adoptó una serie de leyes (cuatro en un período de dos años) a fin de controlar el déficit público y recuperar la confianza de los mercados.
El último conjunto de leyes más duras conocidas como “Legislación de Déficit Cero” aprobadas en julio de 2001, tenían como fin llevar a cabo un presupuesto equilibrado desde el cuarto trimestre de ese mismo año. Apuntando al mismo tiempo a la causa de la corta duración de las medidas y a apaciguar las reacciones sociales. Pero a finales de 2001 el déficit no fue cero, sino que había alcanzado el 6% del PIB, mientras que la tasa de crecimiento era negativo (entre el -4% y -5%) dando lugar al estallido de violentas protestas por todo el país.
La experiencia griega del control de los gastos corrientes no es muy diferente. Desde que comenzaron los problemas financieros, el gobierno griego propuso y validó tres diferentes planes de “saneamiento” de la economía. En enero de 2010 (justo antes de la primera intervención del FMI), el recién elegido gobierno de Papandreu anunció las reformas del presupuesto para reducir el déficit presupuestario del 12,9% del PIB a menos del 3% en 2012. A pesar de seguir los criterios mandados por la Comisión Europea, su implementación resultó del todo imposible.
A principios de mayo de 2010, después de la aprobación del paquete oficial de “apoyo” económico a Grecia por el FMI, el plan de saneamiento fiscal amplió el objetivo de la reducción del déficit por debajo del 3% hasta 2014. Sin embargo, durante la tercera revisión en junio de 2011 se evaluaron los hitos intermedios del proyecto y resultó que estaban lejos del objetivo deseado. Entonces el FMI impuso la planificación de un programa de emergencia adicional como condición indispensable para la aprobación del nuevo tramo de ayuda. Como resultado de estas nuevas medidas el gobierno griego se vio forzado a presentar un nuevo plan de austeridad para el período 2012-2015, subiendo además los impuestos para poder ingresar 28,6 millones de euros adicionales en ese período.
Una diferencia notable entre Argentina y Grecia es que Argentina no tuvo la oportunidad de recurrir a privatizaciones de organismos públicos para reducir la deuda, pues casi todos los bienes del Estado se habían vendido en la década de los 90.
El apoyo externo: El FMI y la Troika
En el caso de Argentina, los acreedores extranjeros comenzaron a poner en duda la capacidad del país para controlar los gastos y honrar las deudas. Finalmente intervino la comunidad internacional imponiendo mayores cantidades de deuda bajo la fórmula de “ayuda financiera”. En marzo de 2000, el FMI aprobó un programa “preventivo” de tres créditos de 7.200 millones dólares, destinados a recuperar el crecimiento y reducir el déficit presupuestario (fiscal), principalmente mediante reformas estructurales. A pesar de que se revisaron los objetivos a la baja, al final no se pudo alcanzar ninguno de ellos.
Dada la dificultad prolongada de la financiación externa y la incapacidad del país de acceder a los mercados internacionales de capitales, en enero de 2001 el FMI acordó una nueva inyección de liquidez “preventiva” de 13,7 millones de dólares. Además se añadieron nuevas fuentes de financiación pública y privada, totalizando el nuevo plan de rescate unos 40.000 millones de dólares. El gobierno argentino presentó un sistema de protección adicional a los préstamos concedidos por el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el gobierno de España, en combinación con otras garantías de financiación procedentes del sector privado, que servirían de “aval” ante la incapacidad de Argentina para acceder a nuevos acreedores.
Una vez más, el caso de Grecia se asemeja mucho al caso de Argentina, pero a una escala mayor. En mayo de 2010 el FMI y la UE y el BCE se integraron en lo que se ha terminado llamando “troika”, con el objeto de resolver los problemas que tiene Grecia para devolver sus deudas, al tiempo que se ha procedido a implementar un durísimo ajuste fiscal con el objetivo de reducir el déficit. A pesar de desarrollarse buena parte de las actuaciones propuestas, el gobierno griego ha sido incapaz de cumplir los hitos intermedios. Ante el riesgo claro de incumplimiento de sus obligaciones, se ha propuesto un nuevo paquete de 80.000 millones de dólares, bajo la condición de desarrollar un nuevo programa de austeridad aún más severo que el anterior.
Pánico bancario y corralito
En Argentina, en 2001 la situación se había deteriorado hasta tal punto que la gente de la calle llegó a entender que la quiebra del país era inevitable. Así que acudieron en tromba a retirar todo su dinero de las entidades financieras. Eso sucedió después de aplicar todas las medidas de ajuste y no parar de hundirse cada vez más el país. Además, las consecuencias de los ajustes arruinaron a la clase media y soliviantaron a una sociedad cada vez más castigada por la crisis al reducirse sus ingresos, aumentar con fuerza el desempleo y en definitiva caer el país en lo que parecía entonces un agujero sin fondo. Es decir, se había terminando desarrollando, con diferencia, el peor escenario posible.
El 30 de noviembre de 2001 comenzó lo que en Argentina se denominó “corrida bancaria” (bank run). Las reservas del Banco Central disminuyeron en 2.000 millones de dólares en un solo día. En respuesta a este pánico popular, el presidente De la Rúa impuso una amplia gama de restricciones a las transacciones bancarias conocidas como “el corallito”, entre las que destacaba un límite de retirada de 1.000 dólares al mes.
En Grecia se está produciendo un fenómeno semejante, aunque con más lentitud, por el temor a que se vuelva al dracma y la gente pierda todo su poder adquisitivo en el proceso de devaluación de la moneda. En el bienio 2010-2011 se estima que la retirada de depósitos ha sido de unos 50.000 millones de dólares. En septiembre de 2011 se habían retirado unos 5.500 millones de dólares y en octubre unos 6.800.
Enlace al artículo original, que aquí recogemos con multitud de correcciones de estilo.

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