Se dice que los adelantos tecnológicos sientan las bases para las reformas socioculturales. Es evidente que existe una clara relación entre estos dos fenómenos, pues haciendo un análisis histórico podemos encontrar una amplia relación entre la reforma protestante, que a juicio de Weber llevaba en la sangre el espíritu del capitalismo, y la revolución tecnológica iniciada por Gutemberg en el siglo XV.
La reforma protestante tuvo lugar en el siglo XVI, inundando gran parte de la Europa occidental con nuevas ideas de cómo debía ser la Iglesia y de cómo ésta tenía que relacionarse con sus fieles. Había que suprimir entonces ciertos privilegios exagerados y basarse más en los preceptos de Cristo que en su estructura de poder. Estas reformas propuestas principalmente por Juan Calvino y Martín Lutero tenían como propósito redirigir el camino de la Iglesia Católica, que se había perdido y corrompido en medio de los fastos terrenales. Pero la oposición fue tan poderosa en la jerarquía y el apoyo de los príncipes germanos tan evidente, que terminó brotando una nueva y poderosa rama independiente de Roma.
Es bien conocida la intención de Lutero de acercar la fe a los fieles, pues defendía que el camino a la salvación era ésta y no el castigo y la penitencia como sostenía la práctica católica con el comercio de las bulas. Una forma de acercar esa fe a la gente era hablarles en un idioma que ellos entendieran. Es decir, la misa y todo el culto debía ser predicado en el idioma de la gente donde era oficiado y no en latín como era la costumbre romana. Así que Lutero se apresuro a traducir la biblia al alemán, junto con toda una reinterpretación del sistema sacramental, en firme rechazo a la ventas de indulgencias y la corrupta y privilegiada praxis del clero.
Toda esta reforma no habría sido posible sin la invención de la imprenta (Gutemberg 1440), un avance que el fraile agustino supo aprovechar como nadie como herramienta de propaganda y rápida difusión de las ideas. Y no por el hecho de que el primer libro impreso haya sido la biblia, sino por posibilitarse la impresión masiva sin la necesidad del cerrado circuito de abadías, amanuenses y licencias eclesiásticas. En consecuencia, se sentaron las bases para la revolución tecnológica que cambió para siempre el paradigma cultural de la Europa occidental monopolizado hasta entonces por el clero católico, aportándose además el conocimiento necesario para cuestionar al poder dominante en ese momento. Esto quiere decir que a través de la imprenta no solo se imprimió la Biblia en diversos idiomas (para hacerla un libro al alcance y entendimiento de más personas) sino que se sentaron los sólidos fundamentos que cambiaron la estructura de pensamiento que regía en la Europa de los siglos XV y XVI.
Tal vez sea demasiado aventurado especular con el hecho de que la imprenta influyó directamente en el desarrollo hacia el capitalismo y la modernidad, pero no cabe duda que sentó las bases para un cambio de paradigma de la época, reconfigurando definitivamente la Europa occidental. Nacieron diversos conceptos propios de la modernidad, como la concepción del hombre como individuo pensante e independiente de Dios y el concepto del estado nacional, rompiendo con los antiguos regímenes medievales (sin prescindir todavía de las monarquías “por la gracia de Dios”). Al mismo tiempo la ciencia se volvió posible, al hacerse realidad el custionamiento crítico que da lugar al método científico. Finalmente apareció una nueva clase social que preparaba su camino para tomar el poder: la burguesía por el comercio y los avances financieros.
En suma, la importancia sociocultural de la invención de la imprenta está fuera de toda duda, más allá de su importancia y trascendencia para la reforma protestante de Lutero. Al mismo tiempo es un indicador de cómo se relacionan las ideas y los adelantos tecnológicos. Es decir, las ideas pueden ser las semillas pero necesitan de nuevos impulsos extra para germinar. Es el caso de la Reforma y la imprenta, que fomento el conocimiento y permitió trasladar los medios de producción desde las abadías y los castillos medievales hacia las plazas de las ciudades, los gremios y los comerciantes. También desplazó el conocimiento desde las catedrales hacia las universidades, liberándolo del autoritario corsé teológico para moverse hacia las ciencias empíricas.
Tal vez en el fondo concuerde todo esto superficialmente con Max Weber y su ensayo “La ética protestante y el espíritu de capitalismo”. Sin embargo hay una aclaración pertinente. No fue una ideología la que promovió los cambios sociales, tampoco la estructura de los medios de producción y el cambio en la relaciones de poder. Fue la síntesis que se deriva de la relación entre la tecnología, la ideología y las relaciones de poder.
En otras palabras, la imprenta fue una de las condiciones que permitió todo ese cambio. O en palabras más coloquiales, fue la gota que colmó el vaso.
Rodrigo Quezada Casar, en Historia de los medios [con ciertas modificaciones de estilo].

Popularity: 16%
Leave a Comment