Uno de los principales sociólogos que plantea la espectacularización de la política es Lipovetsky. Según él la política ya no es mas que mero espectáculo. Refiriéndose al tipo de telediarios mencionados en la tercera parte y a las nuevas formas de comunicación política, afirma que ha habido una transformación sutilísima en los mensajes y las comunicaciones de los representantes sociales. La política espectáculo tiene como objetivo enmascarar los problemas de fondo y sustituirlos por el encanto de la personalidad, entorpeciendo así la capacidad de razonamiento y el juicio crítico. Todo siempre en provecho de reacciones emocionales y sentimientos irracionales del público, tanto de atracción como de antipatía. Con este discurso espectacularizado la mayoría de gente asume sus posicionamientos políticos no por un esfuerzo de racionalización, sino por resortes de afectividad y antipatía.
Un ejemplo ilustra este caso. Durante un periodo electoral se realizó en la Universidad de Barcelona una investigación muy curiosa. Se pedía a la gente su intención de voto y que identificara en unas tarjetas a los cabeza de lista, con el logotipo del partido, las siglas, el segundo de la lista y un extracto breve del programa. Todo estaba desordenado y el encuestado debía proponer cómo se unía todo según los partidos. La sorpresa fue mayúscula, pues había gente a la que hasta le costaba identificar al cabeza de lista del partido que iba a votar. Los segundos de lista eran prácticamente desconocidos por todos. Respecto a la identificación del programa se daban casos en que los encuestados confundían extractos del programa de ERC con el PP, o del PP con el PSC, etc. Está muy estudiado por los que preparan las campañas electorales que casi nadie se lee los programas políticos, porque cuando se va a votar no se racionalizan las propuestas y las ideologías. Hace ya tiempo que se descubrió que mucha gente no vota al líder del partido por considerar que se puede identificar con sus propuestas, sino para que no salga el candidato al que se aborrece irracionalmente.
Estamos en un ámbito de la espectacularización en el que los procesos electorales son meros mecanismos para legitimar las estructuras de poder. Y aunque esto puede parecer simple, se estudia muy en profundidad a niveles psicológicos, de marketing, sociológicos, etc. Así que cada vez confluye más la figura del ciudadano con la del consumidor. Podríamos poner de hecho muchos ejemplos de cómo sutilmente se construyen noticias no ya con la finalidad de informar, sino para ser consumidas y provocar audiencia o crear conciencia sobre algo. Hay ejemplos que han pasado a la historia de la comunicación por ser muy paradigmáticos. Por ejemplo, uno de los momentos cumbres de la historia reciente de la comunicación donde encontramos una nueva estrategia de unidad política es el de la Guerra del Golfo. En ella se inaugura, como afirmaron altos dirigentes políticos, un cambio de estrategia bélica: “las guerras ahora se ganan de otra forma. Nunca ganaremos una guerra si previamente no la hemos ganado mediáticamente”.
El conflicto del Golfo estalló en agosto de 1990. Irak invadía Kuwait y para salvar la “democracia” en el país monárquico Estados Unidos declaró la guerra a Irak. Pero pasaron muchos meses hasta que se produjo en febrero la invasión de la coalición internacional. La guerra tardó en comenzar porque había un problema serio de opinión pública y no se puede ir en su contra sin perder mucho apoyo social. Todas las encuestas en Europa y EEUU señalaban que los ciudadanos no estaban de acuerdo con intervenir en esa guerra, como no podía ser de otra forma. Pero en febrero apareció en todos los telediarios del mundo una noticia espectacular. La crónica relataba que los soldados iraquíes, para evitar la invasión por las playas de Kuwait, las habían inundado con petróleo provocando una gran catástrofe ecológica. Como imagen bandera aparecía un cormorán aleteando impotente entre petróleo de la playa. Al día siguiente las encuestas sobre la invasión de Irak eran favorables en toda Europa. Así que lo que no se había conseguido con argumentos políticos se consiguió con argumentos de publicidad ecológica. Una pequeña noticia, un solo vídeo, consiguió cambiar de la noche a la mañana toda la opinión de millones de personas sobre la guerra. Lo más gracioso es que con el tiempo se denunció que ese pájaro no era de la zona. Era una especie de Canadá y la imagen correspondía al hundimiento del Exxon Valdéz.
En EEUU el cambio de opinión fue provocado también por otra noticia parecida. Apareció una niña kuwaití llorando (vídeo superior) y afirmando que los soldados iraquíes habían secuestrado de un hospital a unos niños huérfanos y los habían dejado morir en el desierto. En realidad esta chica en su vida había pisado Kuwait, porque era la hija del cónsul de Nueva York y había estado toda su vida en EE.UU.
Esto son sólo dos ejemplos de pequeños controles mediáticos que funcionan muy eficazmente, pues juegan con una serie de códigos valorativos y de modulaciones afectivas naturales a las personas o en las que ya hemos sido adiestrados previamente. Tras el famoso 11 de septiembre, por ejemplo, se prohibió que todos los jugadores de la NBA dieran botes o mascaran chicle al sonar el himno norteamericano. Se trataba de transmitir mediáticamente el patriotismo necesario para evitar la desmoralización colectiva. Entre otras medidas, se pactaron los guiones de muchas películas entre asesores de la CIA y guionistas de Hollywood. Por ejemplo, la película Señales protagonizada por Mel Gibson, que trata de una invasión extraterrestre donde hasta el final de la película no se consigue ver a los alienígenas. La película transmite muchos conflictos sociales y personales que se terminan solucionando antes de la invasión. El guión estaba pensado para que los extraterrestres se asimilaran a la idea de un enemigo que no se ve (como los terroristas) y que ante un peligro de esas características la sociedad debe cohesionarse.
Todo esto refleja el control constante mediante la imagen y el audiovisual, porque es lo que la dirección política necesita para controlar la realidad social. Existen ejemplos que rayan el absurdo con el objeto de ajustarse a la nueva corrección política. Así es muy curioso ver cómo ha evolucionado el logotipo de Michelin, haciéndose cada vez más delgado y atlético. Precisamente el mismo muñeco que ha dado nombre a los flotadores de grasa que aparecen por encima de las caderas.
Podríamos encontrar detrás de cada manipulación una causa. Por ejemplo, si sale el protagonista de una película con un portátil de la marca Apple, entonces es casi seguro que la película estará producida por Sony Pictures, pues es la empresa que fabrica las pantallas de Apple.
No obstante, existen otras manipulaciones más perversas. Hay películas en las que la casa del psicópata asesino está llena de símbolos religiosos y crucifijos. Por que así se termina identificando en el inconsciente que los malos tienen principios religiosos, pero no los buenos. Y profundizando más, si estudiamos el juego de roles descubrimos en las películas americanas que el bueno puede ser en ocasiones un policía divorciado, que ha destruido su matrimonio por estar obsesionado con el trabajo, que además no hace caso ni a sus hijos y normalmente arrastra alguna adicción. Éste resulta ser el policía bueno y el héroe. Pero el mafioso, en cambio, ama a su familia, la cuida y protege con principios morales firmemente asentados y un estricto código de honor. Y uno piensa para sus adentros, ¡pero si éste es el bueno! Esto se hace así para usar de las películas con el objeto de provocar una inversión absoluta de roles que se acaban convirtiendo en referentes sociales. Y esto es especialmente cierto en el caso de los adolescentes y sobre todo en el nuevo mercado de los videojuegos.
¿Cómo es posible este nivel de manipulación?
En cierta medida ésta ocurre porque hay una serie de élites que lo permiten. En una obra de Erich Fromm titulada Espíritu y sociedad, se afirma que una de las condiciones necesarias para la estabilidad psicológica de las personas es que estén arraigadas en algún sitio. El hombre tiene que tener el sentimiento de estar arraigado y saber de dónde viene. Pero hoy en día las élites estan en muchas ocasiones completamente desarraigadas. Así que cuando se estudia qué han sido y son las élites y por qué han promovido la globalización, se descubre que uno de los requisitos para realizar este proceso de internacionalización es desarraigarse primero las élites y detrás al resto de la gente. Por eso se nos habla constantemente de la movilidad, de que tu idioma no es importante si no conoces algunos más, etc. Al mismo tiempo se nos explica que no hay que tener una estructura de valores sólida, sino flexible y adaptativa, pues tarde o temprano se tendrá que cambiar de residencia y convivir con otras culturas y otros valores. Este desarraigo, en el fondo, ya lo han practicado las élites y quieren promoverlo socialmente para que no exista ninguna competencia en la línea del arraigo y el sentimiento de pertenencia a ninguna sociedad.
Hay una obra muy interesante de Cristopher Lasch titulada La rebelión de las élites. En ella se afirma que las élites tradicionalmente querían que sus sociedades funcionaran, porque era una condición indispensable para que pudieran ganar dinero de ellas. Pero ahora pueden ganar dinero sin estar arraigadas en ninguna parte del mundo ni comprometidas con ninguna sociedad en concreto. Bill Gates, por ejemplo, vive en el estado de Washington. No en la ciudad de Washington de la costa este, sino en Redmond que está en el estado de Washington tocando Canadá y en uno de los lugares más apartados de la sociedad americana. Es allí donde está domiciliada su empresa Microsoft.
Toda esta estrategia de desarraigo se desarrolla en el fondo porque es como se consigue atomizar a los individuos y desconectarlos de la vida social. Y así, si eres un individuo atomizado no sólo eres más manipulable sino especialmente más intercambiable y prescindible. Ese es el nuevo paradigma económico que interesa a las élites. Da igual de dónde vengas, qué pienses y que creencias tengas, porque eres intercambiable. Estamos en la sociedad globalizada, en la que se ha extendido el pensamiento único y uniformador bajo el rodillo de la corrección política.
Gracias a estas estrategias la ciudadanía queda configurada con un pensamiento estandarizado. El objetivo es que todos acabemos teniendo cuatro valores y cuatro concepciones muy primarias y que permita hacernos homogéneos. Estas concepciones son producidas por el sistema educativo en sus primeras etapas y por los medios de comunicación durante el resto de la existencia de cada individuo. El pensamiento único y la corrección política no son mas que el pensamiento cero (donde nadie tiene que pensar nada). Orwell supo anticiparse en la obra 1984 a estas nuevas características sociales y por ello dedica una especie de apéndice muy interesante a la neolengua. La neolengua consiste en hacer perder a las personas la capacidad de usar el lenguaje como una expresión de su pensamiento propio. El lenguaje es en teoría la expresión más íntima de lo que pensamos. Sin embargo, el sistema educativo primero y los medios de comunicación después parecen entregarnos un sistema de comunicación que no es expresión de lo pensado, sino lo que precisamente impide pensar porque viene encorsetado mediante estructuras ideológicas muy precisas. Por eso dice Orwell que la neolengua consiste en que la gente diga una cosa y al mismo tiempo la contraria, sin darse cuenta que está cayendo en una contradicción.
Un claro ejemplo de esto que decimos están siendo las últimas protestas más o menos espontáneas en las plazas de diferentes ciudades. Porque los mismos que intentan construir tanto una crítica como las pertinentes propuestas de cambio se encuentran impedidos y aprisionados por toda una serie de correcciones políticas y giros del lenguaje propios del lavado de cerebro al que han sido sometidos tanto por los medios como por el propio sistema educativo. Este Manifiesto del Grupo Medio Ambiente en la Acampada Sol es un claro ejemplo para entender lo que se quiere decir.
RESPIRAMOS AIRE, BEBEMOS AGUA, COMEMOS ALIMENTOS
Vivimos porque somos seres vivos. No es la especificidad humana la que nos ha dado la vida. Nos ha dado otras cosas, pero no la vida. La vida nos la ha dado la naturaleza. Somos seres vivos, somos animales, somos humanos. Pero, por encima y por debajo de todo, somos naturaleza.
Sin embargo, lo hemos olvidado. Hemos querido separarnos de ella, erigirnos como entidades superiores a cualquier equilibrio universal. Hemos creado nuestras cúpulas de aislamiento, llamadas ciudades, y las hemos abastecido de energía, de alimentos y de materias primas, a través de canales que generan miseria, polución y, sobretodo, inconsciencia de las consecuencias de nuestro tren de vida.
Hemos antropizado el resto del medio para que satisfaga tan sólo nuestras necesidades, sin corresponderle en el intercambio, sin ofrecerle nuestra parte al equilibrio natural. Hemos esquilmado los bosques y las selvas, hemos secado y contaminado los ríos, hemos destruido los fondos marinos, hemos esclavizado a los animales a nuestro servicio y, en definitiva, hemos impreso nuestra huella egoísta y desconsiderada en cada esquina del planeta.
Crecemos sin pausa. Queremos ser infinitos en un mundo finito, y eso no es posible. No podemos esperar más. La solución no pasa por hacer más limpio el modelo de vida actual. La solución pasa por integrarnos. Creemos en la autorregulación de la naturaleza. Si seguimos rompiendo ese equilibrio, sólo caben dos opciones: nuestra desaparición, o la desaparición de la naturaleza, lo cual también significaría nuestra desaparición.
Confiamos en la capacidad humana de retomar su función en este planeta. Aprender a vivir como seres vivos, dándonos cuenta de que nuestra supervivencia y bienestar sólo es posible como parte de los ecosistemas.
La revolución será verde, o no habrá donde hacerla.
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En estos cuatro artículos hemos intentado esbozar ciertas estrategias de manipulación. Aunque evidentemente la exposición ha sido una mera aproximación y es el lector quien debe formarse, ampliar sus conocimientos al respecto y estar precavido.
Javier Barraycoa en La Trama Educativa.

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