Adam Curtis realizó para la BBC este impresionante documental sobre la psicología de masas y la propaganda que ha creado la sociedad de consumo en el s. XX. La película, que tiene como protagonista a Eduard Bernays (sobrino de Sigmund Freud) y sus teorías sobre la relación consumo-democracia, nos ofrece una visión de la publicidad, la propaganda y los medios como una forma de controlar y manipular a las masas, de la mano de quien aplicó el psicoanálisis para convencer a la sociedad norteamericana de la participación de Estados Unidos en la GM-I.
Lo dejamos como colofón de los anteriores Los camaradas de Wall Street y el Presidium del FMI (I, II, III), Claves de la manipulación mediática (I, II, III), La mentira sistemática y Fabricando la disidencia. Estamos convencidos que ustedes sabrán ver la relación entre esos artículos y sacarán sus propias conclusiones sobre los vínculos que existen entre la democracia contemporánea, la manipulación social por los medios de comunicación mediante el consumo y las apariencias de representatividad parlamentaria.
A continuación la primera parte subtitulada al español.
Documental completo en inglés:
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Introducción al documental
The Century of the Self es un magnífico documental que nos cuenta con detalle cómo se ha aplicado el psicoanálisis al mercado y a la política: desde las teorías freudianas sobre la oscura naturaleza humana hasta las últimas campañas de marketing político. Durante el siglo XX se ha manipulado a la sociedad haciéndola creer que era cada vez más libre para elegir en un mercado que, de hecho, se había retorcido y distorsionado con el objeto de mantenerla controlada y consumiendo como si fuera ganado estabulado. La herramienta fundamental para lograr que la sociedad respondiese a los imperativos de este nuevo mercado de masas fue el psicoanálisis y sus derivados.
Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, se hizo un hueco en la historia de las relaciones internacionales al trabajar como propagandista de guerra para EEUU en la GM-I. Sin embargo su verdadero éxito fue aplicar las teorías de su tío sobre las fuerzas irracionales que gobiernan nuestras decisiones, no para curar alteraciones psíquicas, sino para seducir al consumidor a que compre ciertos productos. La estrategia era asociar los productos con personalidades y con la idea de sentirse diferente, más allá de la funcionalidad del producto o su necesidad. De un cliente a otro Bernays se convirtió en un rico líder y pionero de las relaciones públicas y el marketing.
En el ámbito político también recurrieron a Bernays para limpiar la imagen de algunos representantes sociales que habían caído en desgracia. Cuando Bernays hizo famoso a su tío en EEUU, el sistema americano estaba comenzando a preocuparse por esas fuerzas irracionales que merodeaban bajo la superficie de la sociedad, ya que temían que pudieran desembocar en revoluciones como la rusa si se permitía el sufragio universal. Así es como apareció el consumismo no sólo como una solución económica, sino sobre todo como una forma de mantener calmada a la gente introduciendo la sensación psicológica de que participaba y elegía socialmente con sus decisiones de compra. Pero la crisis de 1929 hizo que el consumo descendiese y una masa enorme de desempleados perdieron los nervios. Se había conseguido controlar la sensación psicológica social en los ciclos de expansión monetaria y creación de burbujas, pero no en los declives y depresiones posteriores.
Según Bernays era necesario tener siempre controlado al pueblo porque podían elegir lo erróneo. Por eso la población debía ser tratada como una muchedumbre informe para que pudiera ser dirigida por la élite como un rebaño, pero elaborando al mismo tiempo una sana apariencia de libertades individuales ejercidas mediante el poder adquisitivo de la nueva clase media. Según Freud, la civilización no era la prueba del progreso humano, sino una especie de contención del animal irracional que llevamos dentro, consistente en una serie de mecanismos para mantener contento y controlado al pueblo. La civilización era necesaria entonces para que no se desatara el animal irracional de la sociedad.
Siguiendo esta filosofía social de masas, después de los atentados del 11-S el alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani pedía machaconamente que la gente volviera a consumir con total normalidad. No sólo para restablecer la maltrecha actividad económica, sino muy especialmente para que la gente recuperara su rutina de sujeto pasivo consumista después del shock producido por la nueva propaganda de terror masivo. Relajada y mansa de nuevo la sociedad, las élites usurparon en su favor el derecho de canalizar adecuadamente la ira popular hacia donde todos ya sabemos.
Más sobre Adam Curtis, si elegiste la píldora adecuada.

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2 Comments
Polityzen
(@Twitter) 25 May 2011 11:05 am
Te recomiendo que veas los otros documentales de Adam Curtis:
*The Trap
+The power of nightmares
Y si te animas:
+ The Mayfair set
Un saludo.
physis
25 May 2011 12:05 pm
Gracias. He añadido un enlace a la obra de Adam Curtis en español. A partir de ahí que cada uno se espabile como mejor crea conveniente.