Existiendo un gobierno en el poder, parece obvio que cualquier manifestación de descontento popular debería lanzar sus dardos más envenenados contra los titulares de economía, justicia, interior… y sobre todo contra el presidente del gobierno. Pero aunque en la calle así se produce en algunos casos espontáneos y minoritarios, en los medios sólo aparecen críticas generales contra el sistema político, los agentes financieros, las grandes corporaciones y sus famosas reuniones internacionales. Al mismo tiempo encontramos aventando las pavesas de esta peculiar hoguera a sujetos tan revolucionarios como la familia Escolar y organizaciones tan “altermundistas” como ATTAC. ¿Quién puede estar entonces detrás de está rebelión tan “popular” y que tan rápidamente ha encontrado su hueco en la prensa nacional e internacional? Michel Chossudovsky tiene la respuesta y estoy convencido que merece una lectura (Al final del artículo tienen el archivo de vídeo con el texto).
La disidencia fabricada y los millones de incautos que se lo tragan
La principal narrativa de los medios de comunicación es la fabricación de un consentimiento colectivo mediante la opinión pública. Para la supervivencia del capitalismo contemporáneo es completamente necesario que prevalezca la ilusión de la democracia tal y como ahora se concibe. Forma parte del interés de las élites corporativas aceptar la disidencia y la protesta como una característica del sistema en la medida en que no ponga en peligro el orden social establecido. El propósito no es reprimir la disidencia, sino darle forma y moldearla para establecer sus límites adecuados. Así que para mantener su legitimidad, las élites económicas deben favorecen formas de oposición limitadas y controladas con el fin de prevenir el desarrollo de formas radicales de protesta, o llegado su momento laminarlas y pulverizarlas por ser algo que podría sacudir los cimientos mismos y las instituciones del capitalismo global. En otras palabras, la “fabricación de disidencia” actúa como una “válvula de seguridad” que protege y sostiene el Nuevo Orden Mundial. Para ser eficaz, el proceso de “fabricación de la disidencia” debe ser cuidadosamente regulado y supervisado por las mismas élites que son objeto de la ira popular, al mismo tiempo que se cuida su nacimiento para que aparente autenticidad revolucionaria y marchamo anti-sistema.
La financiación de la disidencia
¿Cómo se crea y mantiene a la disidencia? Esencialmente “financiándola”. Es decir, mediante la canalización de recursos financieros desde las élites criticadas hacia los que están involucrados en la organización del movimiento de protesta. La captación no se limita a la compra de favores de los políticos. Las élites económicas (que controlan grandes fundaciones) también supervisan la financiación de numerosas organizaciones no gubernamentales relacionadas con la sociedad civil, que históricamente han estado involucradas en los movimientos de protesta contra el orden económico y social establecido. En efecto, los programas de muchas organizaciones no gubernamentales y movimientos populares dependen en gran medida tanto de fondos públicos como privados, incluyendo fundaciones como la Ford, Rockefeller o McCarthy, entre otras. El movimiento anti-globalización se opone a Wall Street y a gigantes del petróleo que están controlados por Rockefeller. Sin embargo, las fundaciones y organizaciones benéficas de Rockefeller subvenciona generosamente redes progresistas anti-capitalistas y movimientos ecologistas con el fin último de supervisar y formar sus diversas actividades.
Los mecanismos de “fabricación de disidencia” requieren un entorno de manipulación, un proceso de presión y la sutil captación de los individuos dentro de organizaciones progresistas, incluyendo coaliciones anti-guerra, ambientalistas y movimientos anti-globalización. Considerando que los medios de comunicación son una “fábrica del consentimiento”, la compleja red de organizaciones no gubernamentales (que incluyen a los medios de comunicación alternativos) son utilizadas por las élites corporativas para moldear y manipular cualquier movimiento de protesta. Supone una amarga ironía que parte de las ganancias fraudulentas de Wall Street se hayan reciclado durante los últimos años hacia fundaciones exentas de impuestos y organizaciones benéficas. Estas inesperadas ganancias financieras no sólo han sido utilizadas para comprar a los políticos, sino también para sostener a organizaciones no gubernamentales, institutos de investigación, centros comunitarios, grupos religiosos, ambientalistas, medios de comunicación alternativos, grupos de derechos humanos, etc. La “disidencia fabricada” también se aplica a “instituciones de izquierda” y a los “medios de comunicación progresistas”, financiados por ONG’s o directamente por las fundaciones. El objetivo interno es establecer los límites “políticamente correctos” de la oposición. A su vez, muchas ONG’s están infiltradas por informantes que trabajan para agencias de inteligencia occidentales. Por otra parte, un segmento cada vez mayor de los medios de comunicación alternativos y progresistas en Internet se ha vuelto dependiente de la financiación de fundaciones empresariales y organizaciones benéficas, creando así opinión pública también en la red con escrupulosa apariencia de espontaneidad.
Activismo por etapas y fragmentado
El primer objetivo de las élites corporativas con esta nueva estrategia es la de fragmentar el movimiento popular en un gran mosaico de ideas revolucionarias, pero aisladas y compartimentdas. El movimiento que protesta contra la guerra no menciona las finanzas, al ecologista no le importa la economía y al feminista no le importa la pobreza. Porque al compartimentar la disidencia se le quita el nervio y la violencia que produciría un único frente de lucha poliédrico. Sólo son financiados movimientos independientes que pretenden atacar diferentes asuntos (medio ambiente, globalización, paz, derechos de la mujer, cambio climático), para impedir que aparezca un movimiento de oposición masiva y coherente. Este mosaico ya era común en la lucha contra la cumbre del G7 y las Cumbres de los Pueblos de la década de 1990.
El movimiento Anti-Globalizción
La cumbre anti-globalización que apreció en Seattle en 1999 fue vista como un gran triunfo para el movimiento anti-globalización: una coalición histórica de los activistas contrarios a la Organización Mundial del Comercio en Seattle, que fue la chispa que encendió un movimiento global anti-corporativo. Seattle fue de hecho una importante encrucijada en la historia del movimiento de masas. Más de 50.000 personas de diversos orígenes, organizaciones de la sociedad civil, derechos humanos, sindicatos y ambientalistas se habían reunido en una búsqueda común. Su objetivo era desmantelar la agenda neoliberal incluyendo su base institucional.
Pero Seattle también marcó un cambio importante. Con la aparición de la disidencia en todos los sectores de la sociedad, la cumbre de la OMC necesitaba desesperadamente la participación simbólica de los líderes de la sociedad civil “en su interior” para dar la apariencia de ser “democrático”. Mientras miles de personas convergían en Seattle para protestar y hacer fracasar la cumbre, lo que ocurrió detrás de la escena fue realmente la victoria del neoliberalismo. Un puñado de organizaciones de la sociedad civil que se opusieron formalmente a la OMC fueron precisamente las que contribuyeron a legitimar la arquitectura de comercio global de la OMC. Porque en lugar de desafiar a la OMC como un organismo intergubernamental ilegal, acordaron un diálogo previo a la cumbre entre los gobiernos occidentales y la OMC.
Es sí como participantes acreditados de las ONG’s fueron invitados a mezclarse en un ambiente amigable con los embajadores, ministros de comercio y los magnates de Wall Street en varios de los eventos oficiales, incluidos los numerosos cócteles y recepciones. La agenda oculta era debilitar y dividir el movimiento de protesta y orientar el movimiento anti-globalización hacia áreas que no pusieran en peligro los intereses del stablishment comercial. Financiados por fundaciones privadas (como Ford, Rockefeller, Rockefeller Brothers, Charles Stewart Mott, la Fundación para la Ecología Profunda), estos “acreditados” de la sociedad civil fueron posicionados a los ojos de la opinión pública como los verdaderos grupos de presión y auténticos representantes populares de las protestas.
Por lo tanto, todos esos manifestantes contribuyeron (sin saberlo) a debilitar el movimiento anti-globalización aceptando la legitimidad de lo que es esencialmente una organización ilegal: el acuerdo de la Cumbre de Marrakech de 1994 que condujo a la creación de la OMC el 1 de enero de 1995. Los líderes de las ONG tenían pleno conocimiento de dónde procedía el dinero que les mantenía y de esta forma la protesta pasó a quedar integrada como una rutina más de la agenda política y sus actividades monitorizadas desde el interior. Las ONG’s fueron capturadas en una camisa de fuerza al depender su propia existencia de fundaciones cuyos propietarios son en última instancia los mismos elementos de la ira popular. En una lógica retorcida, la propia naturaleza del activismo anti-capitalista corporativo fue controlada indirectamente por los propios capitalistas mediante sus fundaciones independientes como un gasto contable más. Que además será convenientemente repercutido en sus ventas.
Mucho cuidado, porque los “perros guardianes” son ahora los más progres
En esta nueva evolución de la maipulación de masas, las élites empresariales tienen (como siempre ha sido) sus intereses bien custodiados por el FMI, el Banco Mundial y la OMC. Pero ahora han creado además diversas fundaciones e instituciones de beneficencia que permiten tener a la disidencia convenientemente enlatada.
Con el apoyo del dinero de estas fundaciones, se crearon varios “perros guardianes” para vigilar críticamente la aplicación de las políticas neoliberales, pero sin plantear la cuestión más amplia de cómo los gemelos de Bretton Woods y la OMC han contribuido al empobrecimiento de millones de personas.
El Programa de Ajuste Estructural para la Revisión Participativa de Redes (SAPRIN) fue creado por el Development Gap, órgano del USAID y las ONG’s financiadas por el Banco Mundial con sede en Washington DC. Está ampliamente documentado que la imposición del Programa de Ajuste Estructural del FMI y el Banco Mundial (PAE) en los países en desarrollo constituye una forma flagrante de injerencia en los asuntos internos de estados soberanos en nombre de las instituciones acreedoras. En lugar de desafiar la legitimidad de la “medicina económica mortal” del FMI y el Banco Mundial, el SAPRIN trató de establecer un papel de participación para las organizaciones no gubernamentales, trabajando mano a mano con la USAID y el Banco Mundial. El objetivo no era otro mas que dar un “rostro humano” a la agenda política neoliberal, en lugar de rechazar el marco del FMI y del Banco Mundial.
SAPRIN es una red global de la sociedad civil que tomó su nombre de la Iniciativa de Ajuste Estructural de Revisión Participativa (SAPRI), puesta en marcha por el Banco Mundial y su presidente Jim Wolfensohn, en 1997. SAPRI está diseñado como un ejercicio tripartito para reunir a las organizaciones de la sociedad civil, sus gobiernos y el Banco Mundial en un examen conjunto de los programas de ajuste estructural (PAE) y la exploración de opciones políticas nuevas. Se trata de legitimar un papel “activo” de la sociedad civil en la toma de decisiones económicas, ya que está diseñado para indicar en qué áreas se requieren los cambios de las políticas económicas. Del mismo modo, el Observatorio del Comercio (antes OMC Watch) que opera en Ginebra es un proyecto del Instituto de Política Agrícola y Comercial de Minneapolis (IATP), generosamente financiado por las fundaciones Ford, Rockefeller, Charles Stewart Mott, entre otros.
El Observatorio del Comercio tiene el mandato de supervisar a la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Tratado de Libre Comercio (TLC) y el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). El Observatorio del Comercio se debe dedicar también también a obtener datos e información, así como fomentar la “gobernabilidad” y “responsabilidad”. Pero nunca en estás iniciativas se promueve la rendición de cuentas a las víctimas de las políticas de la OMC o la rendición de cuentas por parte de los protagonistas de las reformas neoliberales. Por lo tanto, las funciones del Observatorio del Comercio no son nunca una amenaza para la OMC. Todo lo contrario: como no cuestiona la legitimidad de las organizaciones y los acuerdos comerciales, quedan reforzados.
El Foro Económico Mundial
El movimiento popular ha sido secuestrado. Suelen ser invitados al Foro de Davos una nutrida selección de intelectuales, líderes sindicales y otras organizaciones de la sociedad civil (entre ellas Oxfam, Amnistía Internacional, Greenpeace, etc.), donde se pueden mezclar con los líderes más prestigiosos del mundo, sean políticos o financieros. Esta mezcla de las élites empresariales mundiales con algunos “progresistas” escogidos a dedo es parte del ritual que crea y mantiene el proceso de “fabricación de la disidencia”. El truco consiste en seleccionar sólo a los líderes en los que se puede confiar e integrarlos en un “diálogo fructífero”, cortándoles al mismo tiempo la relación con sus bases sociales para que figuren como representantes, pero sin representados. Que la gente vea que son “ciudadanos globales” y que actúan en nombre de sus compañeros de trabajo. Pero sólo de forma que no molesten a los intereses del stablishment y de las grandes corporciones.
El Foro Económico Mundial no representa a la gran comunidad empresarial del planeta, pues es un encuentro elitista. Sus miembros son las gigantescas corporaciones mundiales (con un mínimo de 5.000 millones de dólares en volumen de negocios anual). Desde su punto de vista las organizaciones no gubernamentales (ONG) son vistas en el fondo como socios en la gestión del marketing, por ser el adecuado portavoz para todas aquéllas personas que se encuentran excluidas cuando se toman las grandes decisiones.
El Foro Social Mundial: otro mundo es posible
La primera reunión del Foro Social Mundial (FSM) tuvo lugar en enero de 2001, en Porto Alegre (Brasil). Este encuentro internacional contó con la participación de decenas de miles de activistas de grupos de base y organizaciones no gubernamentales. Su organización se llevó a cabo simultáneamente con la del Foro Económico Mundial de Davos (WEF). La intención era ser la voz de la oposición y la disidencia al Foro Económico Mundial con sus líderes empresariales y ministros de finanzas. El Foro Social Mundial desde el principio fue una iniciativa de ATTAC, los amigos de L’Humanité y el propio Le Monde Diplomatique, que patrocinó un Foro Social Alternativo en París titulado “Un año después de Seattle”. Se buscaba preparar una agenda que incluyera las protestas que se tendrían que realizar en la próxima cumbre de la Unión Europea en Niza. Los oradores pidieron la “reorientación de ciertas instituciones internacionales como la OMC, FMI, Banco Mundia… con el fin de crear una globalización desde abajo” y también “la construcción de un movimiento internacional de ciudadanos, no para destruir el FMI, sino reorientar sus misiones.”
Lo más sorprendente de todo esto es que desde su génesis en 2001, el FSM fue apoyado directamente por la Fundación Ford e indirectamente mediante ONGs por otras fundaciones de multinacionales de renombre. También aportaron fondos la Fundación Heinrich Boll (de los Verdes alemanes), Oxfam, Novib y Action Aid. Sorprendentemente, un miembro del Consejo Internacional del FSM dijo que estos numerosos fondos recibidos de estos organismos “hasta ahora no han despertado ningún debate significativo [en los cuerpos FSM] sobre las posibles relaciones de dependencia que pueden generar”. Sin embargo, admite que con el fin de obtener ayuda económica de la Fundación Ford, los organizadores tuvieron que convencer a las bases de que el dócil Partido de los Trabajadores no estaba involucrado en el proceso”.
Vale la pena señalar dos puntos en este gran engaño colectivo. En primer lugar, los que ponían los fondos fueron capaces de torcer los brazos de las organizaciones y determinar el papel de las diferentes fuerzas en el Foro Social Mundial. En segundo lugar, parece evidente que a las grandes coporaciones no parece molestarles en exceso el tono izquierdoso, progresista o hasta marxista de las reivindicaciones.
La Fundación Ford otorgó apoyo básico para el Foro Social Mundial, con contribuciones indirectas a través de “organizaciones asociadas” de la Fundación MacArthur, la Fundación Charles Stewart Mott, la Fundación Friedrich Ebert, la Fundación W. Alton Jones, la Comisión Europea, varios gobiernos europeos ( incluido el Gobierno laborista de Tony Blair), el gobierno canadiense, así como una serie de organismos de la ONU (entre ellas la UNESCO, el UNICEF, el PNUD, la OIT y la FAO).
Además del apoyo núcleo inicial de la Fundación Ford, muchas de las organizaciones de la sociedad civil participantes reciben financiamiento de grandes fundaciones y organizaciones benéficas. A su vez, los EE.UU. y las ONG europeas a menudo funcionan como organismos de financiamiento secundario canalizando dinero de las fundaciones Ford y Rockefeller a las organizaciones asociadas en los países en desarrollo, incluidos los campesinos y movimientos de derechos humanos. El Consejo Internacional (CI) del FSM se compone de representantes de organizaciones no gubernamentales, sindicatos, organizaciones de medios de comunicación alternativos, institutos de investigación, muchos de los cuales están fuertemente financiados por fundaciones y gobiernos. (Véase el Fórum Social Mundial).
El mismo sindicato, que se suele invitar a mezclarse con los directores ejecutivos de Wall Street en el Foro Económico Mundial (FSM), incluyendo la AFL-CIO, la Confederación Europea de Sindicatos y el Canadian Labor Congress (CLC) también forman parte del Consejo Internacional del FSM. Entre las ONG’s financiadas por fundaciones importantes está el Instituto de Política Agrícola y Comercial (IATP), que supervisa el Observatorio del Comercio con sede en Ginebra en el Consejo Internacional del Foro. La Red de Donantes sobre el Comercio y la Globalización (FTNG), que tiene estatuto de observador en el Consejo Internacional del FSM, juega también un papel clave. Mientras canaliza ayuda financiera al FSM, también actúa como centro de intercambio de grandes fundaciones. El FTNG se describe como “una alianza de concesionarios de ayuda comprometido a construir comunidades justas y sostenibles en todo el mundo”. Los miembros de esta alianza son la fundación Ford, Rockefeller Brothers, Heinrich Böll, CS Mott, Fundación de la Familia Merck, el Open Society Institute y Tides, entre otros. (Para obtener una lista completa de los organismos de financiamiento del FTNG ver financistas del FNTG). FTNG actúa como entidad de recaudación de fondos en nombre del FSM.
Aunque en los medios de comunicación los gobiernos occidentales frenan las cumbres contra la globalización y reprimen los movimientos de protesta, en una amarga ironía, las subvenciones de instituciones como la Unión Europea son usadas para financiar a los grupos progresistas (como el FSM), que participan en la organización de las protestas contra los mismos gobiernos que financian sus actividades. Los gobiernos han subvencionado también de forma activa a grupos de protesta. La Comisión Europea, por ejemplo, financió dos grupos que se movilizaron con un gran número de personas para protestar en las cumbres de la UE en Gotemburgo y Niza. La Lotería Nacional de Gran Bretaña, que es supervisada por el gobierno, ayudó a financiar a un grupo anti-sistema en Reino Unido.
Se trata por lo tanto de un proceso diabólico: el gobierno anfitrión financia la cumbre oficial, al mismo tiempo que ayuda económicamente para que se produzcan las reuniones de las organizaciones no gubernamentales que participan activamente en la contra-cumbre. Pero también financia la operación de la policía antidisturbios, que tiene el mandato de reprimir a los participantes de las contra-cumbres.
El objetivo inmediato en los medios de comunicación de estas operaciones combinadas, incluyendo acciones violentas cometidas por las fuerzas de policía antidisturbios, es desacreditar el movimiento de protesta e intimidar a sus participantes. Pero el objetivo general y más amplio es transformar la contra-cumbre en un ritual de disidencia enlatada, que sirve en el fondo para defender los intereses de la cumbre oficial y del propio gobierno anfitrión. Esta es la lógica que ha prevalecido en numerosas cumbres desde la década de 1990.
Los líderes de las ONGs marchan contra los que dicen defender
El Foro Social Mundial (FSM) de 2001 fue sin duda un hito histórico que reunió a decenas de miles de activistas comprometidos. Era un lugar importante que permitió el intercambio de ideas y el establecimiento de lazos de solidaridad. Lo que aquí se está criticando es el papel ambivalente de los líderes de las organizaciones progresistas. También su íntima relación con los círculos internos del poder, el sistema de financiación que tienen y los organismos de ayuda, que socavan sus relaciones y responsabilidades para con sus bases. Porque el objetivo de la “disidencia fabricada” consiste precisamente en mantener a los líderes alejados de sus bases como un medio eficaz para silenciar y debilitar las acciones populares.
La mayor parte de las organizaciones de base que participaron en el Foro Social Mundial (incluyendo campesinos, trabajadores y organizaciones estudiantiles) estaba firmemente comprometidas en la lucha contra el neoliberalismo. Pero no eran conscientes de la relación del Consejo Internacional del FSM con la financiación de las corporaciones, negociado a sus espaldas por un puñado de líderes de ONG’s vinculadas a estas mismas corporaciones.
La financiación de las organizaciones progresistas no es incondicional. Porque su objetivo es “pacificar” y manipular todo movimiento de protesta, poniendo condiciones muy precisas para poder recibir el dinero. De forma que si no se cumplen, el flujo de dinero se detiene automáticamente. De ahí que el FSM se defina a sí mismo simplemente como
un espacio abierto de encuentro para la reflexión, el debate democrático de ideas, formulación de propuestas, el libre intercambio de experiencias y la interconexión de acciones eficaces por parte de grupos y movimientos de la sociedad civil que se oponen al neoliberalismo y a la dominación del mundo por el capitalismo corporativo y cualquier forma de imperialismo, y estamos comprometidos a construir una sociedad centrada en la persona humana.
Por lo tanto, el FSM es un mosaico de iniciativas individuales que no amenazan o desafían directamente la legitimidad del capitalismo global y sus instituciones. Se reúne anualmente y se caracteriza por una multitud de sesiones y talleres. En este sentido, una de las características del FSM es mantener en todo momento el modelo “hágalo usted mismo”, típico de los donantes que financian las mismas Cumbres del G-7 que actúan a espaldas y en contra de las sociedades civiles que representan. Esta estructura aparentemente desorganizada es la que se presentó desde un principio y se usa a conciencia para impedir la integración formal de las protestas en otra plataforma más vasta y que no sea la establecida de antemano.
Por lo tanto, al tiempo que se favorece el debate sobre una serie de temas, el marco del FSM no es propicio para la articulación de una plataforma coherente común y un plan de acción dirigido a acabar con el capitalismo global. Por otra parte, la guerra que inició EE.UU. en Oriente Medio y Asia Central y que estalló pocos meses después de la inauguración de la sede del FSM en Porto Alegre en enero de 2001, nunca ha sido un tema central en las discusiones del foro. Lo que prevalece es una red extensa y compleja de organizaciones de base, que no son conscientes de que sus ONG’s están asociadas en los Estados Unidos o la Unión Europea con los mismos que critican, porque les proporcionan el apoyo financiero. El dinero establece restricciones en las acciones de esos movimientos populares. Muchos de estos líderes de ONG’s son personas comprometidas y bien intencionadas que actúan dentro de un marco que establece los límites de la disidencia. Pero estos líderes son a menudo absorbidos en la farsa de esta vorágine sin siquiera darse cuenta de que tienen sus manos atadas.
El Capitalismo Global financia el movimiento anti-capitalista: una relación absurda y contradictoria
Así que “Otro mundo es posible”, pero no puede ser alcanzado de manera significativa en el marco del presente acuerdo. Se necesita una reorganización del Foro Social Mundial, de su estructura organizativa, sus mecanismos de financiación y liderazgo. No puede haber ningún movimiento de masas que tenga sentido cuando la disidencia es generosamente financiada por los mismos intereses corporativos que tienen como objetivo limitar y eliminar el movimiento de protesta. En palabras de McGeorge Bundy, presidente de la Fundación Ford (1966-1979):
Todo lo que la Fundación Ford hace se podría considerar como una serie de mecanismos que tienen como meta hacer el mundo seguro para el capitalismo corporativo.
Texto de Michel Chossudovsky, traducido por Luis R. Miranda en Real Agenda.
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