Como últimamente se han movilizado algunas personas para protestar bajo el lema de “democracia real ya”, nos vemos obligados a aclarar que en Alemania (la DDR, por supuesto) también triunfó la “democracia asamblearia” que esta buena gente parece practicar. Conviene advertir que a los demócratas Pieck, Ulbricht y Honecker no les parecía adecuada la hoz y el martillo, así que blasonaron su estandarte sobre fondo rojo, con una gran maza detrás de un portentoso compás. Haciendo gala así de su verdadero origen para todos los que supieron interpretar esos símbolos.
Como ya hemos advertido, los sistemas financieros del s.XX son muy amigos de cualquier cosa que tenga que ver con la izquierda, el socialismo y los sindicatos (I, II y III) por su gusto hacia los monopolios y la destrucción de cualquier libertad de mercado, especialmente en el sistema monetario.
Pues bien, poca gente parece entender que lo importante de la democracia no es el voto, sino cuántos votan. Grecia es la cuna de la democracia y allí no era consultado sobre cuestiones políticas ningún esclavo. Así que si sólo muy recientemente ha proliferado el sufragio universal, cabe preguntarse por qué las élites están dejando votar a todos. Simplificando mucho, tiene que ver con la consolidación en carteles después de la GM-II de los bancos en sistemas centrales, desarrollando la economía como auténticos órganos de planificación a la sombra. Y simplificando aún más, una vez se puso a Gutemberg en el centro del sistema monetario y se introdujo en las nuevas constituciones el papel como única moneda válida para pagar tributos, el control político pasó a ser pan comido.
Por lo tanto, se deja votar a todo el mundo porque los elegidos no mandan y el poder se encuentra desplazado e inasequible al desaliento, pues no se desgasta por permanecer oculto detrás del decorado parlamentario. Así que es más coherente decir “no les votes” (pues el voto es inútil) que pedir una regeneración democrática teñida de rojo bajo el lema de “real”. El problema es que muchos se llevan a engaño, porque antes estos demócratas llevaban uniforme verde con gorra de plato. También desfilaban todos a una girando su cuello hacia el camarada Presidente cuando pasaban por la tribuna. Pero ahora visten informal, han sido lobotomizados por la LOGSE y además traen algo roídos y sucios los calzones. Así que la realidad está hoy en día aún más escondida y por eso se insiste tanto en que sea “ya” y “real”, no fuera alguno a despertar por el camino.
Por lo tanto, igual que los sindicatos desinflaron la tensión laboral en su momento, se ha buscado una segunda válvula antes de las elecciones para que los jóvenes no puedan protestar. En efecto, las nuevas estrategias de manipulación en España están consistiendo en adelantarse y provocar manifestaciones completamente controlables y más mansas que un rebaño de corderos lechales. Y si al mismo tiempo se rasca algún voto y se refuerza y prolonga algo más el embuste democrático, pues mucho mejor.
Pasamos entonces a la tercera parte, que esta vez ha sido publicada en La Trama Educativa.
El formato del telediario, para los incautos que todavía creen informarse viendo imágenes
Podemos comparar un telediario actual con los viejos telediarios en blanco y negro. En los antiguos telediarios simplemente se atendía al control de la información y se pretendía que todo el mundo estuviera atento a la misma. Hoy, todo lo que ocurre en un telediario está muy pensado. Se desarrollan técnicas y estrategias, muchas veces exportadas desde Estados Unidos, que espectacularizan la información, la banalizan, de tal forma que quien ve un telediario, casi ni se ha enterado de lo que ha visto y apenas recuerda explícitamente las noticias (hay numerosos estudios que lo demuestran). El espectador que ha estado entretenido viendo el telediario, sin darse cuenta, ha recogido unos códigos de interpretación de la realidad. Le ha quedado un juicio sobre qué, o quién, es “bueno” y qué, o quién, es “malo”. La racionalidad de este proceso brilla por su ausencia.
Los que recuerden los viejos telediarios saben que las noticias estaban bien estructuradas: primero las noticias nacionales, luego las internacionales, luego las locales. Ahora los telediarios son tremendamente desordenados. Este desorden se procura artificialmente, para hacer más atractivos los telediarios, para reclamar la atención a una noticia arrastrada por otra más espectacular; o bien para “tapar” una noticia con la sorpresa que provocan ciertos sucesos. Muchas noticias generan sentimientos contrapuestos: pena, sorpresa o cierta jocosidad. Estamos ante una técnica de manipulación que consiste en jugar con la afectividad. Los totalitarismos –como en la china comunista- desarrollaron métodos de control mental muy parecidos. Para “romper” a una persona psicológicamente hay que alterar su afectividad. A los prisioneros se les hace sufrir, llorar, pero también emocionarse e incluso reír. Y esto se desarrollaba como método en los campos de re-educación. Un guarda se acercaba al prisionero, se hacía su amigo, le hablaba de su familia, le hacía emocionarse. Ambos se reían e intimaban, pero al día siguiente el guardián ni le hablaba o bien le daba una paliza. Otro día buscaba nuevamente su complicidad y así, poco a poco, se iba rompiendo la estabilidad psicológica del prisionero. La re-educación entonces era posible. Pues misteriosamente esta estrategia la vemos en el telediario perfectamente plasmada. La alteración afectiva y psicológica que se padece al ver un telediario permiten que ciertos códigos de interpretación de la realidad sean acogidos sin reparar en ellos.
En los telediarios también encontramos la aparición de unos misteriosos “expertos”. Si uno mira un telediario puede contabilizar las veces que entre todas las noticias aparece la palabra “experto”: “Dicen los expertos…”; “los expertos prevén …”; y uno se pregunta, ¿quiénes son estos expertos? Nadie lo sabe, nadie lo especifica, se citan como fuente de autoridad pero nunca quedan convenientemente identificados. Otro truco es generar confianza en el presentador que da las noticias, gracias al “teleprompter”. Antes como no existía el “teleprompter”, el presentador tenía que generar las noticias mentalmente, en directo, y de vez en cuando se despistaba, se confundía, o se le traspapelaban los papeles que tenía como soporte. Ahora ya no tienen papeles encima de la mesa. Muestran seguridad al hablar, aunque en realidad simplemente están leyendo el “teleprompter” (y ni eso saben hacer pues muchas veces también se confunden al leer). Así consiguen una relativa seguridad del discurso que se transmite al espectador. Esta figura la crea también genera el anchor man (el hombre ancla), que es el presentador que tiene expertos a ambos lados (de deporte y del tiempo, por ejemplo). En él se centran todas las noticias y eso provoca un sentido de unidad al telediario.
Todo telediario tiene que acabar de alguna forma plácida, pues el nivel de estrategias usadas sobre el espectador es alto. Por eso acaba siempre con una noticia placebo o un “happy end”. Este es un tipo de noticias para que la gente no se quede con regusto amargo o excesivamente inquieto y repita al día siguiente viendo el telediario. Se escogen noticias como pases de modelos, noticias ecológicas, etc. El espectador queda satisfecho: la realidad es asumible pues tiene un “final feliz”.
Javier Barraycoa.
Viene de las partes I y II. Continúa en la parte IV.

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