Presentamos la continuación de la primera parte. Que continúa en las partes tres y cuatro.
Los atentados del 11-S abrieron la puerta a una nueva realidad comunicativa que antes nunca se había traspasado por respeto a las sensibilidades: el espectáculo del terror. Después de ese duro golpe a la sociedad, se han invadido unos países con ejércitos y otros con cientos de miles de cámaras de vigilancia. Y aunque cada vez concurren más pruebas de que el verdadero terrorista se encuentra dentro del propio gobierno americano, los sospechosos son ahora todos los ciudadanos. Por eso pueden quedar etiquetados en cualquier momento como ‘terrorista’. Concepto jurídico vacío y sin definición precisa, que supone en el fondo un cheque en blanco para someter cualquier disidencia con la sutileza del embaucador gracias a los medios de comunicación, pero la violencia del fascio gracias a los más sofisticados sistemas de control por parte de los servicios de inteligencia y los ministerios de interior.
Como la realidad es precisamente la de un estado que emplea el terror multiplicado en los medios como arma contra una sociedad cada vez más violentada, necesita permanentemente fingir ante el resto que todavía vive confortable un permanente simulacro de los eventos, exacerbando al mismo tiempo lo nimio mediante el espectáculo de los medios de masas.
El simulacro
Estamos en una sociedad y en una cultura del simulacro. Poco a poco nos estamos habituando a no conocer la realidad. Sólo podemos aspirar a conocer simulacros de la misma. Son numerosos los ejemplos: como las famosas ceremonias al soldado desconocido americano, al soldado que murió y que nadie identificó. Hoy ya no hay ninguna guerra en la que haya soldados desconocidos. El sistema de control es tan perfecto que todos los cadáveres son identificados. Sin embargo, el Ejército y las Instituciones políticas necesitan realizar el simulacro de que todavía quedan soldados desconocidos y la ceremonia se sigue celebrando. Otro ejemplo. Salía un día en televisión la noticia de la finalización de una obra de un túnel para el AVE. Estaban ahí el ministro correspondiente y las cámaras de televisión. De repente emergía del túnel la perforadora terminando el último metro de túnel y todos aplaudían. Pero era una simulación, porque el túnel ya estaba terminado con anterioridad (evidentemente). Pero para la ocasión se había construido una pared para que la tuneladora la derrumbara ante las cámaras.
Poco a poco nos vamos habituando a no conocer la realidad completamente. Pierre Bourdieu, sociólogo de tendencias marxistas, escribió una obra titulada Sobre la televisión. La obra la escribió después de dos conferencias que dio en la televisión francesa con el motivo del aniversario de su fundación. A los organizadores les propuso dar dos conferencias que iban a ser muy aburridas “pues yo me sentaré en la mesa y me pondré a hablar dela televisión”. Reflexionando sobre lo que era la televisión, afirma lo siguiente: “la televisión se ha convertido, sobre todo los telediarios, en un conjunto de noticias que en principio a todo el mundo gustan, fabricadas para el gusto de todos. Noticias de las que todo el mundo está contento y de las que, por lo tanto, casi todas las personas tienen el mismo juicio”. Se refiere a los dos tipos de noticias que han invadido los telediarios:
1) el espacio dedicado al tiempo. Anteriormente las noticias sobre el tiempo meteorológico eran muy breves, pero su proliferación en los telediarios tiene un sentido especial. Pues nos dotan de elementos básicos e informales para que podamos socializarnos mecánicamente y sin necesidad de pelearnos. La experiencia la puede tener cualquiera de nosotros en el ascensor de su casa. Si coincide con un vecino le puede preguntar: “¿Y usted a quién votará en las próximas elecciones?”. El vecino le mirará con una cara extrañada y asustada, pues pensará que ha violado su intimidad. Extraña esta democracia en la que no se puede hablar de política con los vecinos. Todo el mundo se calla a quien va a votar. Por lo tanto, como no podemos hablar de política, tenemos que hablar del tiempo en el ascensor, que es lo que todos hacemos.
2) Bourdieu añade que los telediarios se inundan también de un tipo de noticias cuya importancia reside en provocar escándalo o maledicencia. Son las noticias estilo El caso o de reallity show. Hablamos de los sucesos escabrosos y chismorreos que se han convertido en otro de los grandes ejes del telediario. Pero estas noticias no son realmente noticia porque no tienen importancia en el orden de la comprensión de lo social y de la política. Sabiendo lo cara que es la producción de un minuto de televisión, ¿cómo es posible que se llene la televisión de programas tan insustanciales? Bourdieu plantea cómo es posible que un producto tan caro se dedique a cosas tan poco importantes, a menos que hablar de cosas poco importantes en la televisión sea muy importante para el poder que organiza la parrilla televisiva.
El espectáculo
Guy Debord es autor de La sociedad del espectáculo. Plantea el espectáculo como un concepto clave para entender cómo iba a evolucionar nuestra sociedad. La sociedad, profetizaba, se iba a ir espectacularizando. Es decir, se iba a ir creando de ella una imagen falsa hasta sustituir completamente a la real. Si atendemos al origen etimológico, descubrimos que la palabra espectáculo viene de espejo (speculum – reflejo). La palabra speculum tiene un claro ascendente indoeuropeo que ha dado origen a palabras relacionadas con la visión como cinemascope, periscopio o espectro.
Todo el espectáculo mediático es fomentado por el poder político para crear una representación falsa de la realidad, con el objetivo de conformar a la sociedad como masa amorfa mediante una nueva cultura que sustituya a la cultura propia del sujeto. Debord profetizaba que el capitalismo triunfaría sobre el comunismo por ser capaz de crear una representación simbólica de la realidad mucho más potente. Al comunismo todavía le quedaban unos restos de categorías conceptuales que había fagocitado del cristianismo, como el sentido de la historia y el papel del hombre para transformarla. Pero Debord piensa que ya no es así porque todo ha cambiado. Se ha producido desde la posguerra una verdadera revolución en la mentalidad de la gente porque su vida ha quedado completamente espectacularizada, creando una imagen falsa de sí mismo y de su existencia. Las personas ya no participan en la vida social y en la historia porque su única proyección vital se limita a vivir espectacularmente su tiempo de ocio, sea el del fin de semana o el de sus vacaciones anuales.
Por eso la esperanza ya no está puesta en la historia ni en conocer cuál es el futuro. Por el contrario, la esperanza y anhelo de la sociedad se reduce a la expectativa del fin de semana. Ésa es su gran proyección existencial y anhelo de lunes a viernes. La corporaciónTimeWarner es paradigmática, porque es el resultado de la fusión de una corporación muy potente de información seria (Time) con la Warner, que es una corporación dedicada al entretenimiento. Al fusionarse las dos se empieza a transformar lo que es la información, que a partir de ese momento tiene que ser además espectáculo, diversión y anécdota curiosa.
Javier Barraycoa.

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