Esta vieja foto recuerda el momento en que Konrad Adenauer se abraza emocionado y casi llorando a Charles de Gaulle tras la firma del Tratado de los Elíseos, en Colombey-les-Deux-Églises el 14 de septiembre de 1958. El Canciller dirigía entonces una Alemania derrotada pasada ya la pesadilla socialista, con medio país ocupado por la Unión Soviética y con Berlín saqueado, destruido y repartido entre las potencias vencedoras. Ese abrazo con de Gaulle muestra la generosidad y alcance de miras de un centro de Europa ensangrentado, escribiendo la primera página de la nueva historia contemporánea de nuestro continente. Su gran perspectiva debería animarnos a todos los de la periferia, en estos momentos de gran dificultad, por habernos beneficiado con tanta holganza de ese madurez y responsabilidad política que entonces se demostró frente a las gentes y la historia.
España ha recibido el equivalente a tres planes Marshall de esa nueva Europa reconstruida de la posguerra y a cambio les ha devuelto el consumo de 47 millones de españoles más el estacional de unos 52 millones de turistas al año. La cantidad de euros que ha entrado supera los 120.000 millones, colaborando con otros factores para construir la segunda mayor burbuja inmobiliaria de la historia (después de la de China) y desarrollar un grado tal de corrupción política y servilismo a todos los niveles que hasta el cacique andaluz más tirano se siente ruborizado.

Fondos europeos recibidos por las CCAA, en millones de euros
Estamos hablando de una cantidad de dinero 30 veces superior al recibido por Alemania, pero que en nuestro caso sólo ha podido servir para concluir un plan establecido ya desde antes de la transición en EEUU por los Dexter White del momento, con Kissinger como Maestro de Ceremonias. Mientras enfilamos nuestro cuello hacia el patíbulo de los países decapitados y gobernados desde el exterior, bueno es recordar que el papel de la nueva España democrática no era otro mas que el de trabajar como camareros y albañiles en mayor medida, pero nunca produciendo y exportando, excepto en automoción y componentes auxiliares.
Gracias sobre todo a una moneda que abarata las importaciones y encarece nuestras exportaciones, han conseguido con la colaboración de nuestra prolífica casta política, dejarnos embarrados en el cieno de la historia. Quedando al pairo y desarbolados en medio de una de las mayores crisis económicas internacionales, con unos sistemas monetarios desmoronándose como casas sin cimientos en medio del terremoto.
Las ideologías han jugado un papel decisivo para dividir y vencer al país. Porque alimentando todo tipo de nacionalidades periféricas y divisiones del tipo derecha-izquierda, se ha conseguido multiplicar hasta la saciedad el derroche de recursos y el despilfarro económico. Han colaborado como pocas cosas esas 18 comunidades autónomas que caminan estiradas y ufanas cada una de ellas como si fueran el centro y ombligo de la historia mundial. Transferido incluso el aire que se respira (y ni con eso tienen bastante), esta España fragmentada ha dilapidado capital hasta arruinar al país por valor de cuatro veces su PIB.
No tenemos nada que hacer mientras no liquidemos a ese imbécil acomplejado, envidioso e irredento que lleva cada español en su interior. Un ser en ocasiones tan pérfido y taimado que no descansa hasta asesinar a su adversario para poder afirmarse como sujeto y respirar en medio de su mezquina ignorancia.
Pero como siempre andamos buscando un modelo a seguir, quizá nos ayude recordar entonces que sobre Alemania pendía la destrucción económica planificada por Dexter White, deseoso de hacer de los germanos unos agricultores y ganaderos sumisos. Pero de entre los cascotes y las ruinas de las ciudades arrasadas por las bombas salió adelante el genio de un pueblo, liderado por un puñado de los mejores economistas que nunca ha tenido la historia, por su práctico realismo y gran perspectiva. Espero les sirva esta lectura como acicate y ejemplo a seguir de desobediencia pacífica y constructiva.
Mientras tanto cruzo los dedos para que el país aprenda y le haga un Nürenberg a buena parte de toda esa pestilente chusma política que nos ha gobernado durante los últimos 25 años, junto con su camarilla de adláteres y mal llamados “empresarios” por ser tan amigos de lo ajeno. Mientras tanto han quedado crucificados, apaleados y escupidos precisamente todos aquéllos que nunca pudieron dirigirse hacia el servicio público por no transigir con una avalancha de corrupción.
Como a estas alturas todavía quedará alguien pensando que se exagera, les recomiendo entonces que lean lo que ha pasado (está pasando todavía) en la Universidad de Murcia y lo extrapolen entonces a todo el territorio nacional.
Si el perfil de hombre laborioso, honrado y preocupado por lo público no vuelve a abundar otra vez en los cargos administrativos y en las instituciones financieras, entonces repito lo que decía mi abuelo recordando otros momentos muy difíciles del país: “estamos copados”.
Tome nota entonces el próximo gobierno nacional y aprenda de una vez a quién debe poner en los principales puestos de responsabilidad. Y entonces bueno sería que cundiera el ejemplo en las 18 taifas nacionales.
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Las bases humanas del milagro económico alemán
Después de la GM-II la economía alemana se encontraba completamente arruinada. La guerra, junto con la política de Hitler de “tierra quemada”, había destruido el 20% de todas las viviendas. La producción alimentaria per capita en 1947 sólo era el 51% del nivel conseguido en 1938 y la ración oficial de comida que entregaban las fuerzas de ocupación oscilaba entre 1.040 y 1.550 calorías al día. La producción industrial en 1947 era sólo 1/3 de la de 1938. Además, un gran porcentaje de los alemanes en edad de trabajar había muerto durante la guerra.
Los observadores pensaban que Alemania occidental iba a ser un eterno dependiente de EEUU, pero 10 años después se hablaba por todas partes del milagro alemán y 20 años más tarde su economía era envidiada en todo el mundo. ¿Qué había pasado realmente?
El llamado milagro alemán se produce por dos factores: la reforma monetaria y la eliminación de los controles de precios. Además ambas cosas sucedieron en el lapso de unas pocas semanas durante 1948. Un factor también decisivo y que se le añadió poco después fue la reducción del tipo impositivo marginal primero en 1948 y de nuevo en 1949.
El periodo anterior
En 1948 los ciudadanos alemanes llevaban viviendo bajo controles de precios durante 12 años y usando cartillas de racionamiento durante 9 años. Adolf Hitler había impuesto controles de precios desde 1936 para que el gobierno pudiera comprar materiales de guerra a precios artificialmente bajos. Tres años más tarde, en 1939 Herman Goering impuso el racionamiento para dedicar los máximos recursos a la maquinaria bélica. Roosevelt y Churchill también impusieron controles de precios y racionamientos, igual que hicieron todos los gobiernos que se vieron involucrados de una u otra forma en la guerra. En el caso alemán, cualquier violación de los precios mínimos era castigada con la pena de muerte. Terminada ya la guerra en 1945, la autoridad aliada que controlaba Alemania (EEUU, Francia, Reino Unido y URSS) estuvieron de acuerdo en mantener tanto los controles de precios como los racionamientos. También mantuvieron las listas de reclutamiento para todo el que quería acceder a los recursos básicos, incluido el trabajo.
Cada uno de los gobiernos aliados controlaba una zona del territorio alemán. En la zona americana el índice de precios en mayo de 1948 era un 31% superior al de 10 años antes, en 1938. Pero en 1947 la cantidad de dinero que circulaba en la economía alemana (en moneda corriente más depósitos a la vista) era unas cinco veces el nivel de 1936. Por lo tanto, habiéndose expandido la masa monetaria un 500% pero los precios sólo un 31%, la escasez era abundante incluso en los bienes más básicos para la vida cotidiana.
El control de precios sobre los alimentos se volvió tan severo que muchas personas comenzaron a cultivar su propia comida. Era normal que la gente empleara los fines de semana para ir a las zonas rurales y hacer trueque con cualquier cosa de valor para poder acceder al alimento. El economista de la Universidad de Yale (y más tarde Gobernador de la Reserva Federal) Henry Wallich escribió lo siguiente en su libro Los resortes del resurgimiento alemán:
Cada día y de modo particular los fines de semana, enormes hordas de gente salían de las ciudades hacia el campo para intercambiar comida por objetos con los granjeros. En unos vagones de tren completamente desvencijados en los que había desaparecido cualquier cosa de valor, apiladas las personas incluso en los tejados, multitudes de hambrientos viajaban en ocasiones cientos de kilómetros a paso de tortuga hasta donde pensaban que podrían encontrar algo con lo que alimentarse ellos y sus familias. Llevaban todo tipo de efectos personales, ropas viejas, telas, muebles o cualquier otro objeto de valor. En el viaje de vuelta volvían principalmente con grano, patatas y legumbres para pasar una o dos semanas.
El trueque estaba tan expandido en las transacciones empresariales diarias que muchas empresas tenían alquilado lo que se conocía como “compensador”. Es decir, un especialista encargado de encontrar las personas adecuadas para casar las voluntades en los trueques, buscando las ofertas y demandas adecuadas constantemente. En septiembre de 1947 los militares americanos dedicados a analizar el funcionamiento de la economía alemana, estimaron que entre 1/3 y 1/2 de todas las transacciones comerciales de la zona anglo-americana se hacían mediante trueque.
Este trueque era ineficiente en extremo comparado con la compra directa de bienes y servicios por dinero. El economista alemán Walter Eucken escribió que el trueque y la autosuficiencia eran incompatibles con una extensa división del trabajo, por eso el sistema económico alemán de posguerra había quedado “reducido a una condición primitiva”. Los números le dan en efecto la razón: en marzo de 1948 la zona anglo-americana tenía una producción del 51% con respecto al nivel alcanzado en 1936.
Billy Wilder supo reflejar con su gran sentido del humor las dificultades que suponía el trueque entre ambas zonas alemanas en la comedia 1, 2, 3. Como dice uno de los actores, “En Rusia tenemos un proverbio: no se puede ordeñar vaca con manos en los bolsillos”.
El debate
Walter Eucken lideraba una escuela de pensamiento económico llamada Soziale Marktwirtshaft (economía social de mercado), que salió de la Universidad de Freiburg. Los miembros de esta escuela odiaban el totalitarismo y habían llegado a proponer sus propios puntos de vista durante el régimen de Hitler, sabiendo que con ello estaban arriesgando sus propias vidas. Los principales puntos eran según Eucken los siguientes:
Entre los miembros de esa escuela destacaban, además de Eucken, Wilhelm Röpke y Ludwig Erhard. Röpke defendía que la única forma de liquidar todo el daño de posguerra era poner en marcha una reforma monetaria que equiparara la cantidad de dinero con la de bienes y servicios. A continuación se podría eliminar sin problema los controles de precios y la persistente inflación. Finalmente la economía se reactivaría poniéndose así fin a la gran depresión que sufría el país.
Ludwig Erhard estaba de acuerdo con Röpke. Él mismo escribió un memorando durante la guerra exponiendo su visión de lo que debía ser una economía de mercado. En él se dejaba bien claro que para conseguirlo era necesario derrotar primero a los Nazis y su permanente planificación.
El partido Social-Demócrata (SPD) deseaba que el control económico siguiera en el gobierno. De hecho Kreyssig argumentaba en junio de 1948 que la eliminación del control de precios y la reforma monetaria sería completamente ineficiente sin una dirección centralizada desde el gobierno. Con el SPD estaban de acuerdo los líderes sindicales, las autoridades británicas, la mayor parte de los empresarios industriales de Alemania Occidental y buena parte de las autoridades americanas.
El cambio
Ludwig Erhard ganó el debate. Como los aliados sólo querían líderes que habían demostrado su oposición al régimen Nazi, Erhard fue designado como ministro bávaro de finanzas en 1945. En su momento se jugó su carrera docente rechazando unirse a al Asociación Nazi de Profesores Universitarios. En 1947 pasó a ser director de la zona anglo-americana de la Oficina de Oportunidades Económicas, siendo además consejero del General americano Lucius D. Clay, a la sazón gobernador militar de la zona americana. Después de que los soviéticos se retiraron de la Autoridad Aliada de Control, Clay y sus contrapartes francés y británico comenzaron la reforma monetaria el domingo 20 de junio de 1948.
La idea básica era sustituir una pequeña cantidad de los nuevos deutsche marks (DM) por los antiguos reichsmarks. De esta forma se producía una contracción monetaria importante, reduciéndose la escasez por la inflación contenida. La reforma monetaria era realmente compleja porque la gente sufrió una reducción sustancial de su riqueza. El resultado final fue una contracción del 93% en el suministro de dinero.
Ese mismo domingo el Consejo de la zona alemana anglo-americana hizo caso a Erhard en oposición a los miembros del partido Social Demócrata. Así que finalmente se ordenó la eliminación del control de los precios y Erhard se pasó todo el verano desnazificando la economía de Alemania occidental.
El periodista Edwin Hartrich cuenta esta preciosa historia que sucedió entre Erhard y Clay. En 1948 Erhard abolió por iniciativa propia el racionamiento de la comida y el control de los precios. Entonces Clay le llamó por teléfono y tuvieron el siguiente diálogo:
Clay: Señor Erhard, mis consejeros me acaban de explicar que lo que ha hecho es una terrible equivocación. ¿Qué piensa Vd. al respecto?
Erhard: Señor General, ¡no les haga caso! Mis consejeros me dicen exactamente lo mismo.
Algo parecido sucedió entre Erhard y otro coronel americano ese mismo mes. Es Hartrich quien lo relata de nuevo:
Coronel: Pero ¡cómo se ha atrevido a relajar nuestro sistema de racionamiento cuando se está produciendo una escasez generalizada!
Erhard: Señor Coronel, no he relajado el racionamiento. ¡Lo he eliminado completamente! Así que a partir de ahora el único ticket de racionamiento que necesitarán los alemanes serán los deutsche marks que ellos puedan conseguir con su propio trabajo. Espere un poco de tiempo y verá qué rápido funciona todo.
Por supuesto, las predicciones de Erhard se terminaron cumpliendo. Al eliminar el control de los precios, los compradores podían transmitir sin distorsión sus propuestas monetarias a los vendedores. Evidentemente, al eliminar el sistema de racionamiento se produjo una brusca escasez inmediata que disparó los precios. Como el dinero era escaso, automáticamente se incentivó a los productores para satisfacer la demanda y alcanzar el dinero necesario para comprar más materiales. Y a más caro era un producto más gente estaba dispuesta a producirlo para poder conseguir los nuevos marcos alemanes.
Junto con la reforma monetaria y la eliminación del control de precios el gobierno recortó los impuestos. El ingreso medio de un alemán pasó de estar gravado hasta un 65% en los peores momentos, para estarlo sólo un 18%. El efecto inmediato es que afloró a la superficie toda la economía que estaba sumergida, ademas de resurgir un creciente sentimiento de colaboración ciudadana con su gobierno al ver que se trabajaba por el bien de la nación.
Después de las reformas
El efecto de todas estas medidas en la economía de Alemania occidental fue eléctrico. Wallich escribió lo siguiente:
el espíritu del país cambió de la noche a la mañana. Todas aquellas figuras grises, hambrientas y con aspecto moribundo que vagaban por las calles buscando alimento cobraron una nueva vida de repente.
El lunes 21 de junio las tiendas ya estaban llenas de comida cuando la gente se dio cuenta que se podían vender las cosas a cambio de dinero con mayor poder adquisitivo. Walter Heller escribió que:
las reformas restablecieron inmediatamente el nuevo marco como el medio preferido para los intercambios comerciales. Así que automáticamente la moneda corriente pasó a ser el principal motor de la actividad económica en la vida cotidiana de Alemania.
También se hundió el absentismo. En mayo de 1948 los trabajadores se ausentaban de sus puestos de trabajo una media de 9,5 horas a la semana. Algo menos que en las administraciones públicas andaluzas. Y lo hacían en parte por la necesidad de ir a buscar alimentos a las zonas rurales, a diferencia de los de esa calurosa provincia española, que lo hacen para tomar refrescos o ir a una bodeguiya. En octubre de ese mismo año se consiguió reducir el absentismo a 4,2 horas la semana. En junio de 1948 el indicador de producción industrial de la zona anglo-americana era un 51% del nivel de 1936. En diciembre ese índice habría subido hasta el 78%. Es decir, la producción industrial se había doblado en pocos meses.
La producción continuó creciendo a pasos agigantados durante 1948. En 1958 la producción industrial era cuatro veces la tasa anual de crecimiento del primer semestre anterior a la reforma monetaria de 1948. La producción industrial per capita era tres veces más elevada. Por el contrario, la Alemania comunista continuaba atascada en una pobreza crónica.
Debido a que las ideas de Erhard habían funcionado mucho mejor de lo que nadie esperaba, el Primer Canciller de la nueva República de Alemania Konrad Adenauer le nombró Primer Ministro de asuntos económicos. Un cargo que mantuvo hasta 1963, cuando él mismo llegó a ser Canciller hasta 1966.
El Plan Marshall
Durante toda la exposición no se ha mencionado el Plan Marshall. ¿No podría atribuirse la recuperación alemana principalmente a esta ayuda económica? La respuesta es un rotundo NO. Y la razón es bastante simple. La cantidad prestada a Alemania en todos los planes de ayuda fue de unos 2.000 millones de dólares hasta octubre de 1954. Aún en los años 1948 y 1949 (los dos peores años), la ayuda económica exterior no llegó a ser más de un 5% del conjunto de los ingresos económicos. De hecho otros países recibieron una ayuda superior y nunca prosperaron tanto como los alemanes.
Aún peor, los costes en concepto de reparaciones por daños de guerra que tuvo que pagar Alemania superaron los 1.000 millones de dólares. Y los propios aliados cobraban al gobierno alemán unos 2.400 millones de dólares anuales para sufragar los gastos de la ocupación militar. Como observa el economista Tyler Cowen, Bélgica fue el país que se recuperó más rápidamente después de la guerra gracias a su firme apuesta por los principios del libre mercado, haciéndolo antes incluso de se aprobaran las ayudas del Plan Marshall.
Conclusión
Como puede observarse fácilmente, el milagro alemán no fue realmente ningún milagro. A no ser que por milagro se entienda la fortaleza de carácter de un equipo de brillantes economistas inspirados en la escuela austriaca, que en medio de un sinfín de dificultades y presiones contrarias supieron entender que la riqueza necesita de una buena moneda estable, eliminar los controles de precios y, sobre todo, de bajos impuestos y un mercado libre donde los agentes económicos puedan asumir riesgos para obtener un justo beneficio económico por atender las necesidades materiales de la población.
Los alumnos de la Escuela de Friburgo entendieron perfectamente que inflación, moneda desajustada y elevados impuestos eran los tres peores ingredientes para incrementar la productividad. Al eliminar estos impedimentos llegó la riqueza y la prosperidad a Alemania.
Del Library of Economics and Liberty, German Economic Miracle. Acudir al enlace para ver las notas a pie de página y fuentes.

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