El 11 de marzo a las 14:46 (hora española) se produjo el terremoto que ya todos conocemos de 9 grados en la escala de Richter, a 130 Km de la península de Ojika y a unos 10.000 metros de profundidad. Es el quinto seísmo más violento registrado desde 1900 y el peor que nunca ha sufrido Japón.
La potente sacudida disparó la parada de emergencia de los tres reactores que estaban funcionando en Fukushima I (Dai-Ichi) y los cuatro de Fukushima II (Dai-Ni). Como estaba programado, se pusieron en marcha automáticamente los generadores de gasóleo para mantener activos los circuitos de refrigeración ante el corte de suministro eléctrico convencional.
El centro de alerta de tsunamis del Pacífico advierte a Japón y a 50 países más de que puede aparecer un maremoto en cualquier momento. Y así es como sucede unos 50 minutos después del teremoto, levantándose una columna de agua de más de 10 metros de altura y que avanza a unos 800 Km/h contra las costas del archipiélago japonés. Cuando impacta en el complejo nuclear de Fukushima I destroza todas las instalaciones, incluyendo los equipos auxiliares que estaban manteniendo la refrigeración de los reactores. Automáticamente se activan las baterías, que son el último sistema de seguridad redundante y así es como se consigue mantener la refrigeración durante cinco horas más, hasta que agotadas cesan en su función. El agua ya no circula entonces y comienza a calentarse por la temperatura del combustible que se encuentra en el reactor. A las 20:15 hora española el gobierno activa el plan de emergencia nuclear.
Al día siguiente 12 de marzo el frente del maremoto llega hasta las costas de Chile sin apenas fuerza sobre las 12:00 (hora española), habiendo recorrido unos 14.000 Km en 21 horas. La onda se ha desplazado prácticamente a la velocidad de un avión a reacción y a 2/3 de la velocidad del sonido. Unas tres horas y media después (a las 15:36) se produce en Fukushima la primera explosión en la planta número 1 y durante el día 14 se registran explosiones en las plantas 2 y 3 a pesar de los intentos de refrigeración mediante agua de mar lanzada desde el exterior. Al mismo tiempo, en la planta número 4 que estaba parada el combustible gastado se está quedando sin agua en las piscinas y comienza a radiar con fuerza.
Las numerosas muertes y desapariciones suponen una tragedia humana de grandes proporciones. Pero ahora esa información está siendo relegada de momento a un segundo plano por la gravedad de lo sucedido en los reactores nucleares. Es comprensible por tanto que los medios estén tan pendientes del avance en la refrigeración y estabilización de las barras de uranio, porque en caso de producirse algún tipo de fusión en el núcleo el desastre podría crecer en varios órdenes de magnitud.
Por otro lado, el histerismo nuclear que se ha apoderado de los medios de comunicación occidentales a cuenta de la central de Fukushima, ha dejado a un lado a los verdaderos expertos en este tipo de energía. “No me gusta ser alarmista”, asegura Francisco Castejón Magaña, responsable de la unidad de teoría de plasmas del Laboratorio Nacional de Fusión.
Repasamos con él lo sucedido en Japón, su gravedad real y lo que puede suceder en los próximos días. Castejón, uno de los principales expertos españoles en fusión nuclear, nos ha contado la evolución del proyecto ITER (que acumula ya cuatro años de retraso) y las posibilidades de que sustituya en un futuro no muy lejano el suministro energético procedente de recursos fósiles (petróleo, gas y carbón).
Para el físico adscrito al Ciemat de Madrid la central de Fukushima no es la de Chernóbil, ni por sus características ni por el alcance del accidente que ha sufrido. Para el físico nuclear lo de Japón se encuentra en un punto intermedio entre el accidente de Three Mile Island, en 1979, y el de la central ucraniana, en 1986.
Castejón no es partidario de la fisión nuclear, un método de generar energía que tiene grandes externalidades como los residuos “que no sabemos que hacer con ellos” o la posibilidad de accidentes como el que estamos viendo en Japón. A cambio propone culminar las investigaciones en fusión nuclear, su campo de estudio, que es la energía del futuro, una fuente de energía limpia y prácticamente ilimitada.
Noticia original en Libertad Digital.

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