Durante los últimos 12 años la economía ha venido dirigida por una política monetaria muy expansiva, con bajos tipos de interés, grandes desequilibrios comerciales, enormes flujos financieros y manipulaciones varias en los tipos de cambio. Esto ha generado una economía de tipo burbuja que ha multiplicado las inversiones equivocadas, excepto para una pequeña élite que es la que precisamente ha diseñado esta política y por lo tanto ha sido capaz de anticipar las explosiones e implosiones, como podremos comprobar dolorosamente en la segunda parte.
La contrapartida ha sido un excesivo endeudamiento tanto público como privado, que prácticamente imposibilita a estas alturas las necesarias subidas de tipos por la frágil solvencia de las cuentas públicas y las entidades financieras de menor tamaño. Bajo estas condiciones las expansiones monetarias están siendo globales, en una carrera suicida por seguir al dólar en su depreciación y pérdida de poder adquisitivo. Por supuesto, los eslabones más débiles comienzan a resquebrajarse porque la tensión está siendo enorme. Por eso la situación está llevando a que el sistema internacional de pagos pudiera quebrar en un futuro no muy lejano si la Reserva Federal deja de monetizar la deuda pública americana.

En efecto, precisamente esta debilidad es la que está conduciendo a que crezcan las intervenciones por parte de los bancos centrales, repitiendo siempre la misma pauta de comportamiento de añadir más deuda a la deuda. Intentando apagar el fuego con gasolina. Por eso es sólo cuestión de tiempo que estos graves errores en las políticas monetarias terminen primero en fiascos fiscales y a continuación en controles masivos sobre los flujos de capitales.
Las decisiones cambiarias entre las divisas pueden parecer tolerables en principio por la defensa de los intereses nacionales. Pero cuando esta política colisiona con algún socio comercial, entonces la historia demuestra que los conflictos se suelen escalar a gran velocidad. Porque comienza un proceso de devaluación competitiva que obliga a los demás países a seguir ese mismo camino, pudiendo llevar el orden monetario hasta su completa desintegración. Pero mientras eso sucede los conflictos se amplían más allá de los asuntos monetarios y manchan como el aceite el orden social interno de los países e incluso el amplio espectro de las relaciones políticas.
Esta situación pone en grave riesgo la paz mundial, dañando a medio plazo el comercio internacional, las inversiones y la propia división del trabajo. Por lo tanto, la relación comercial entre EEUU y China acaba de abrir una Caja de Pandora con imprevisibles consecuencias una vez se están agravando los conflictos sobre el Norte de África y muy especialmente Oriente Próximo.
Por lo que respecta a China, durante toda la década anterior ha sido el principal financiador del déficit americano. Pero para poder serlo primero tuvo que devaluar su moneda desde los 2 hasta los 9 rmb/$. Y esto al mismo tiempo que el yen se apreciaba contra el dólar por los acuerdos del Hotel Plaza entre 1985-1995.

Esta situación cambiaria entre China y EEUU ha sido beneficiosa para ambos países, permitiendo una financiación barata a los americanos al mismo tiempo que se industrializaba el país asiático mediante las exportaciones. Ha sido entonces un mecanismo de expansión monetaria que ha permitido crecer sin inflación al conjunto económico internacional. Pero esta situación ha cambiado, porque el exceso de endeudamiento en occidente está impidiendo desde 2007 salir adecuadamente de la recesión al imposibilitar este sistema la convenientemente restructuración de las deudas.

EEUU está pidiendo a China que rectifique de nuevo su política cambiaria y revalúe su moneda. Pero el gobierno no quiere y esa es su decisión soberana. Y como EEUU está expandiendo su base monetaria con los Quantitative Easing, China recibe una avalancha de dólares que está alimentando una inflación doméstica de proporciones descomunales, especialmente en el sector inmobiliario. Pero también a nivel internacional con las materias primas por la presión que ejerce el atesoramiento de China con sus compras masivas como válvula de escape para los dólares que ingresa.
Desde que se abandonó el patrón oro el sistema financiero internacional se encuentra inmerso en unos desajustes permanentes. Las intervenciones de los bancos centrales se suceden sin descanso y eso está generando desórdenes económicos crecientes. Si añadimos además previsibles desabastecimientos energéticos a medio plazo, tenemos entonces servidos los ingredientes para que las tensiones internacionales crezcan hasta situaciones conflictivas.

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