En la década de 1940 había una tira cómica llamada El Mago Mandrágora. Su especialidad era crear cosas de la nada y, llegado el momento, hacerlas desaparecer en el mismo vacío del que habían salido. Es entonces adecuado que el proceso que va a describirse a continuación sea llamado en su honor como el mecanismo de la mandrágora.
Cuando se explica la creación del dinero por parte de la banca, el auditorio piensa que éste aparece como cuando se imprime dinero y a continuación se almacena a la espera de ser prestado a alguien. Por otro lado, los libros que tratan de banca suelen decir que el dinero se crea mediante deuda. Pero esta forma de explicar las cosas es engañosa, pues se está dando a entender que primero existe la deuda y después aparece el dinero.
La verdad es que el dinero no aparece hasta el mismo momento en que es prestado. Pues es precisamente el hecho de conceder el préstamo lo que hace saltar el dinero a la existencia y la firma de la hipoteca lo que hace aparecer el dinero que entrega la entidad financiera para la compra de la vivienda.
Pero del mismo modo que aparece, desaparece en las cámaras acorazadas de bancos y cajas cuando se devuelve la deuda. Por eso no existe una expresión más breve y adecuada para describir este proceso que la expresión “crear dinero de la nada”, acompañándola ocasionalmente con la coletilla “para ser prestado” cuando sea necesario aclarar su sentido.
Pasemos a continuación a ver cómo aparece este dinero mediante la creación de un préstamo.
Lo primero que debemos entender es que en la actualidad el dinero ya no está respaldado por oro, plata o cualquier otra cosa parecida. La fracción no es ni del 54% ni del 15%. Es del 0%. Simplemente ha seguido el mismo camino que el dinero fraccionario que ha aparecido en otros momentos de la historia, degenerándose hasta ser puro dinero fiduciario. El hecho de que la mayor parte del dinero que circula hoy en día sean apuntes contables en los balances en lugar de papel moneda es una mera cuestión técnica.
Por otro lado, los banqueros hablan de ratios de reserva sólo para lavarle la cara al asunto. Porque las reservas a las que se refieren es en realidad deuda pública. Es decir, incluso las reservas son deuda y todo nuestro sistema monetario internacional es puro dinero fiduciario desde el principio hasta el fin.
El segundo hecho que es necesario comprender con claridad es que el Sistema de la Reserva Federal empleado para crear el dinero es algo muy simple, aunque ellos usan de una jerga realmente complicada para explicarlo. Hacen hoy en día exactamente lo mismo que los orfebres varios siglos atrás, cuando emitían más certificados sobre sus depósitos de oro del que tenían realmente. La diferencia radica en que los orfebres estaban limitados por la cantidad de oro que tenían en sus cofres, pero la Fed es evidente que no tiene esta restricción.
La Reserva Federal lo explica abiertamente
La Reserva Federal es sorprendentemente sincera sobre el proceso de creación de dinero. En un folleto publicado por el Banco de la Reserva Federal de Nueva York se explica que
la moneda no puede ser canjeada o intercambiada por oro del Tesoro o cualquier otro activo de respaldo. La cuestión sobre qué activos respaldan los títulos de la Reserva Federal no tiene ningún otro significado excepto el mero contable. (1)
Y en la misma publicación se puede leer en otro sitio que
los bancos crean el dinero sobre la promesa que hace el que recibe el préstamo de que va a devolver la deuda… Los bancos crean el dinero monetizando las deudas privadas de las empresas y los particulares contra el respaldo de los activos que sirvan de garantía. (2)
En otro folleto, el Banco de la Reserva Federeal de Chicago dice que
en EEUU ni el papel moneda ni los depósitos tienen valor alguno como materia prima. En sí mismo un billete de dólar es sólo un trozo de papel. Los depósitos son meros apuntes contables y el valor intrínseco de las monedas que circulan es muy inferior a su valor facial real.
¿Qué es lo que hace que estos tres instrumentos monetarios sean aceptados sólo por su valor facial en pago de las deudas, los impuestos y el resto de usos monetarios? Pues principalmente la confianza que la gente tiene de que esos medios de pago permiten intercambiar otros activos financieros y bienes y servicios reales en cualquier momento que deseen hacerlo. Pero también se debe en parte a la ley, pues este tipo de moneda ha sido declarada legal tender (legal para entregar o licitar) por el gobierno, así que debe ser aceptado también por ley. (3)
En una nota a pie de página de un boletín del Banco de Sant Louis de la Reserva Federal encontramos la siguiente explicación, que es también sorprendentemente clara:
Los sistemas monetarios modernos tienen una base fiduciaria (literalmente, dinero por decreto) con las instituciones depositarias [depository institutions], que actúan como fiduciarios, creando obligaciones contra ellos mismos con la base fiduciaria actuando como reserva. El decreto aparece en los propios billetes con la frase “this note is legal tender for all debts, public and private”. Aunque nadie puede no aceptar este dinero para el pago de las deudas, los contratos entre particulares podrían redactarse de forma que frustraran el uso de este tipo de dinero en el comercio diario. Pero una explicación contundente de por qué es aceptado finalmente radica en el hecho de que el gobierno federal requiera el pago de los impuestos en este tipo de moneda. La anticipación de la necesidad de que se deben liquidar estas deudas con el gobierno crea la demanda necesaria sobre este dólar puramente fiduciario. (4)
El dinero desaparecería sin la emisión de nueva deuda
Es realmente difícil entender que todo el suministro de dinero no está respaldado por otra cosa mas que por deudas. Pero todavía es más difícil imaginarse el hecho de que si todo el mundo pagara las deudas de golpe, entonces dejaría de existir dinero en circulación. Porque, en efecto, llegado ese caso todo el dinero terminaría volviendo a las cámaras acorazadas de los bancos y dejaría de circular incluso apuntado en las cuentas bancarias. Por decirlo de forma simple, desaparecería de golpe todo el dinero.
Marriner Eccles fue el Gobernador del Sistema de la Reserva Federal en 1941. El 30 de septiembre de ese año le llamaron para que testificara ante el House Committee on Banking and Currency. El propósito de esa visita era obtener información sobre el papel que la Reserva Federal desempeñó a la hora de crear las condiciones que condujeron a la depresión de los años 30. El Congresista Wright Patman era el Presidente de ese comité y le preguntó a Eccles de dónde había sacado la Fed el dinero para comprar bonos del gobierno en 1933 por valor de 2.000 millones de dólares. Este fue el diálogo:
Deben darse cuenta entonces que aún representando un activo el dinero para algunos individuos, deja de serlo cuando es entendido como un agregado del suministro total de dinero. Un hombre que haya pedido prestados 1.000 € puede pensar que ha incrementado su posición financiera justo en esa cantidad, pero realmente no ha sido así. Sus 1.000 € en efectivo es un activo que se deduce de los 1.000 € de deuda contraída y que reside en el pasivo del balance de su contabilidad.
Las cuentas bancarias son exactamente lo mismo, pero a mayor escala. Si sumamos todos los balances bancarios de un país, descubrimos que se trata de un gigantesco pool de activos que en teoría está soportando a la economía. Y cada pedazo de todo ese dinero tiene un propietario, en efecto. Pero todo eso es en el fondo una gran ilusión, pus realmente existe contra otro gigantesco pool de pasivos que soportan al de los activos. Así que la última realidad que soporta a toda la economía no es otra cosa mas que la deuda.
Robert Hemphill era el Gestor de Créditos del Banco de la Reserva Federal de Atlanta. En el prólogo a un libro de Irving Fisher titulado 100% Money, Hemphill dice lo siguiente:
Si se pagaran todos los préstamos, nadie tendría un depósito bancario y terminarían desapareciendo todos los dólares en circulación. Esto es un hecho que deja estupefacto a cualquiera. Así que somos completamente dependientes de los bancos comerciales. Alguien en algún lugar tiene que haber pedido prestado cada uno de los dólares que hay en circulación, sea efectivo o crédito. Si los bancos crean el dinero suficiente, entonces prosperamos. En caso contrario nos empobrecemos. Hemos dejado de tener un sistema monetario permanente. Cuando uno se da cuenta del asunto, comprende entonces lo trágica y absurda que es la desesperante situación en la que nos encontramos. Pero así son las cosas.
Una vez se comprende que todo el sistema monetario se basa en la deuda, se entiende también fácilmente que el Sistema de la Reserva Federal no muestre ningún interés en que se reduzca la deuda de EEUU, aunque públicamente se dice justo lo contrario. Pero encontramos lo siguiente en sus comunicados oficiales:
Un vasto y creciente número de analistas ven nuestra deuda nacional como algo útil y una gran bendición. Por eso piensan que no es necesario reducir la deuda total. (5)
Y en otro sitio:
Las deudas públicas y privadas van a permanecer donde están. Juegan un papel esencial en los procesos económicos… Lo que se necesita no es la eliminación de la deuda, sino su uso prudente y una gestión inteligente. (6)
¿Qué hay de malo con un poco de deuda?
Algunos economistas dicen que no hay nada malo con que el sistema produzca un poco de deuda, mientras sea moderada y se trabaje de forma eficiente. La respuesta es evidente, pues no hay ningún problema con la deuda siempre que se genere en una transacción honesta. Pero es muy distinto si se genera mediante el fraude y el engaño.
Una transacción honesta es aquella en la que el que recibe un activo paga una comisión por su uso temporal. Y este activo puede ser cualquier cosa que tenga un valor tangible. Si fuera un vehículo la comisión se llamaría ‘alquiler’. Pero si se trata de dinero, entonces decimos que además de devolver el dinero se debe pagar un ‘interés’. En ambos casos se trata del mismo concepto.
Ahora bien, si el dinero se ha creado de un plumazo o con un simple golpe de tecla en un ordenador, entonces ¿por qué se debe devolver ese dinero y pagar una ‘alquiler’ por él? Cuando un banco dice que le ha concedido un crédito y apunta en su libreta la cantidad correspondiente, simplemente está fingiendo que le está prestando el dinero. Pues realmente no tiene nada para prestar. Ya que incluso el dinero de los depositantes que no están endeudados fue creado en su momento también de la nada, para ser concedido a alguien como préstamo. Pero ¿quién permite a los bancos obtener beneficios mediante esta creación artificial de dinero? Es evidente que sólo la ley puede tener la suficiente capacidad de coacción para que todo el mundo acepte lo que de buena gana nunca estarían dispuestos a recibir a cambio de sus bienes y servicios: trozos de papel sin valor.
Un motivo para abolir el sistema
Hace varios siglos la usura era definida como un interés excesivo cargado sobre un préstamo. Pero el uso bancario moderno ha redefinido lo que se entiende por interés excesivo. Pues cualquier cantidad de dinero que se cargue sobre un préstamo fingido es excesivo. Así que el diccionario necesita una nueva definición:
Usura: el cobro de cualquier tipo de interés sobre un préstamo de dinero fiduciario.
Thomas Edison resumió convenientemente la inmoralidad del sistema cuando dijo que
todos aquéllos que no han manchado ni una toalla con su sudor en este proyecto ni han contribuido tampoco con una libra de materiales, recogerán más dinero que las personas que van a suminstrar todos los materiales y van a hacer también todo el trabajo.
¿Esta exagerando Edison? Supongamos la compra de una casa que vale 200.000 €. Si el comprador tiene ahorrados 50.000 €, deberá pedir prestados los 150.000 restantes. Si los pide a 35 años y a un 5% de interés, al final de la vida del préstamo habrá devuelto 300.000 €. Es decir, habrá devuelto los 150.000 originales más otros 150.000 en intereses.
Pero ¿tenía el banco esos 150.000 euros que se han pedido prestados? Es evidente que si ese fuera el caso entonces sería justo no sólo devolver el dinero, sino también los intereses pactados. Pero si el banco no los tenía, entonces ¿por qué devolverlo? ¿Por qué pagar intereses por algo que se fingió entregar, pero realmente no se hizo?
Como ya se ha explicado, cada unidad monetaria que hoy existe se debe a que alguien la ha pedido prestada. Y esto quiere decir que todo el dinero que circula por el mundo está rindiendo un interés al sistema bancario, que es quien lo ha creado. Pero ¿qué han hecho los bancos para ganar este permanente río de riqueza a su favor? ¿A caso lo obtienen prestando su propio capital, el dinero de los accionistas o el dinero depositado en sus cuentas? Pues no. Sus beneficios los obtienen con el movimiento de esa varita mágica llamada dinero fiduciario.
Por eso esa enorme riada de beneficios sólo puede ser entendida como una usura de proporciones decomunales, sin parangón en la historia. Sólo por este hecho ya merece la pena acabar con los bancos centrales.
¿Quién crea el dinero para pagar los intereses?
Una de las cuestiones que nos pueden dejar más perplejos es pensar de dónde viene el dinero para pagar los intereses de los préstamos. Pues el dinero fiduciario que se pone en circulación no es suficiente para pagar el capital y los intereses de todos los préstamos, de forma que parece imposible para todos salir de sus posiciones deudoras y que alguien deberá quedar siempre insolvente. Es como si sólo se pudiera salir de la deuda emitiendo más deuda.
Esta verdad es sólo parcial, pues se deben considerar además del dinero el valor monetario del trabajo y las mercancías. Pero entonces el sistema fiduciario tiene todavía una perversidad mayor, pues consigue trasladar en beneficio de la banca buena parte del valor económico tanto del trabajo como del conjunto de mercancías. Y este hecho aumenta aún más la iniquidad y perversión del sistema económico vigente.
Notas
(1) I Bet You Thoght, Federal Reserve Bank of New York, p. 11.
(2) Ibid., pág. 19.
(3) Modern Money Mechanics, Federal Reserve Bank of Chicago, pág. 3.
(4) Money, Credit and Velocity. Review, mayo 1982. Vol. 64, Nº 5, p. 25.
(5) The National Debt, Federal Reserve Bank of Philadelphia, págs. 2-11.
(6) Two faces of Debt, Federal Reserve Bank of Chicago, p. 33.
Traducción libre sobre el capítulo 10 (The Mandrake Mechanism) del libro de Edward Griffin The Creature From Jekyll Island.

Popularity: 26%