Keynes en el vídeo sobre la eliminación del patrón oro:
A menudo, en los últimos 10 años, he profetizado la desgracia. Pero ahora, este peso no nos agobiará más. La tensión se está relajando.
No hay riesgo de que colapse el tipo de cambio. Tampoco existe riesgo alguno de que se incremente sustancialmente el precio de las cosas. El peor miedo podría ser volver al nivel de precios de hace dos años.
Mientras tanto, el comercio británico recibirá un importante estímulo, muy por encima de lo que nadie puede imaginar. Es algo maravilloso para los hombres de negocios, para la industria y los desempleados poder volver a gustar la esperanza.
No se debe permitir a nadie que ponga a todos ellos en una jaula de oro, que es donde se han encontrado nuestros problemas todos estos años.
Son ya clásicas estas expresiones de Keynes: romper la jaula de oro en favor del comercio, la industria y los trabajadores. Cuando realmente se trataba de liquidar los límites impuestos en favor del gobierno y la banca, ampliando respectivamente la capacidad de gasto y endeudamiento. Una impostura que gusta ser defendida aún hoy en día por muchos economistas, mientras se desarrolla la mayor propaganda mediática nunca realizada en favor de la monetización de la deuda pública por parte de la Reserva Federal, en nombre otra vez del empleo y la producción. Aunque es nueva la farsa, su trama es antigua.
Tal vez no sea necesario recordar que bajo la apariencia de “capitalismo”, detrás de Keynes se esconde un socialista fabiano que defendía la transición hacia economías planificadas, con dirección única sobre una tupida red de bancos centrales en vez de gobiernos. Es decir, su teoría se comprende mejor interpretándola desde la dirección económica de una élite financiera, que opera bajo la apariencia de economía de mercado y gestión política social-demócrata. Son conocidas sus simpatías por el socialismo alemán y el comunismo soviético, rivalizando incluso con el propio Trostky en algunos matices. No debe extrañar por tanto que Keynes encuentre siempre sus mejores defensores y simpatizantes en el “ala izquierda y socialista de progreso” de las democracias occidentales, así como también en los sindicatos antes incluso que en las propias asociaciones de empresarios, excepto en los casos de grandes corporaciones y carteles sostenidos y financiados por la banca. Por supuesto.
Destapada entonces la mascarada, cabe como interpretación correcta al vídeo anterior de Keynes la dramática exposición que hizo Richard W. Fisher ante la Asociación de Profesionales Financieros en su conferencia anual después de la última reunión del FOMC, y antes de que se aprobara definitivamente el último dispendio de la Reserva Federal:
No me encuentro a gusto viendo cómo crece el riesgo al llevarse a cabo una política monetaria que tiene como consecuencia la transferencia de los ingresos de los pobres, los trabajadores y los ahorradores hacia una reducida élite de ricos. Las personas mayores, los que ahorran y todos aquéllos que se ciñeron a la legislación vigente no están ganando nada con sus ahorros, mientras que los grandes deudores y los bancos monopolísticos ‘To-Big-To-Fail‘ se benefician permanentemente mediante subsidios con cargo a impuestos. No conozco a nadie en el gobierno o en el Congreso (sea republicano o demócrata) que tolere esta situación o la defienda a largo plazo. Y quiero expresar mi preocupación al respecto, porque esto se podría volver en nuestra contra, mordiéndonos o golpeándonos seriamente en nuestra independencia…
Ya he puesto encima de la mesa cuál es mi punto de vista. Pero después de la deliberación, la mayoría del Comité ha decidido que bajo las condiciones actuales se compren unos 900.000 millones de bonos del Tesoro desde este mes hasta finales del segundo trimestre del próximo año. Porque de esta forma se pueden canjear con deuda pública las pérdidas de los MBS. Esta cantidad son unos 110.000 millones de dólares en bonos del Tesoro al mes, que si lo anualizamos representa aproximadamente el déficit previsto para todo el 2011 por el gobierno federal. Es decir, durante los próximos 8 meses el banco central del país va a monetizar directamente el déficit federal.
Este es un negocio sumamente arriesgado. Y la historia nos enseña qué sucede con las naciones que han incorporado este modo de proceder como una práctica habitual del banco central.
Desde mi punto de vista, el remedio no se encuentra en entregar al gobierno cuanto necesite para cubrir sus dispendios, sino en que las autoridades fiscales y regulatorias del país pasen a recortar los gastos pertinentes. Porque la acción emprendida va a hundir aún más el dólar, alimentará de nuevo la especulación, animará a que se atesoren las materias primas [N del T: supongo que se refiere principalmente al oro y la plata, aunque después todas las demás] y, en definitiva, provocará que se acelere la transferencia de riqueza de los ahorradores y los desempleados.
El propio Bernanke advirtió en su momento que se podría monetizar la deuda pública.
Y hasta Greenspan ha llegado a decir en la reunión conmemorativa de los 100 años del encuentro en Jekyll Island lo siguiente:
Los bancos han terminado operando con menos capital porque asumieron que en caso de problemas terminarían siendo rescatados por los gobiernos. El origen de todos los males se encuentra en un fraude descontrolado… Éste termina creando una considerable inestabilidad en los mercados competitivos [N del T: parece referirse a los mercados de derivados OTC], porque no funcionan cuando ya no te puedes fiar de tu contraparte.
En definitiva, antes había que liberarse del oro para poder dirigir la economía desde los bancos centrales. Pero ahora nos encontramos pagando entre todos la insolvencia del sistema bancario mediante impuestos o inflación, al removerse con éxito la barrera que nos protegía a los ciudadanos. Y mientras ésto se pudo hacer no sin cierta dificultad y oposición política, liquidar la deuda se ha vuelto realmente complicado precisamente por eliminar con el oro el mejor liquidador disponible y generar con el tiempo un exceso imposible de digerir.
Y todo esto sucede hoy en día al mismo tiempo que cuidan con mimo el derroche de la clase política, porque así se vuelve dócil como el drogadicto en medio de un ataque de ansiedad. Por lo tanto, esta situación está poniendo en serio peligro los últimos pilares de la democracia que quedan en pie. Quien no perciba este hecho sutil es un ignorante que no ha entendido todavía la negra profundidad de esta crisis.
AMBAC es sólo otra más en un proceso de quiebras que nadie sabe dónde puede acabar realmente, por mucho que los alemanes digan que van a ser “ordenadas” por lo que respecta a los países europeos periféricos. De hecho Roubini dice que son inevitables, pues no se observa otra forma de detener el desbocado gasto público en países como España, representando sus nóminas prácticamente el 25% de la población activa por la incorporación de casi 300.000 personas en las diferentes administraciones durante la crisis al mismo tiempo que se destruían unos 2 millones de puestos de trabajo en el sector privado. 8.000 millones de euros al año aproximadamente y que se comen ellos solitos buena parte los leves ajustes acometidos. No es de extrañar entonces que Jürgen Stark sea muy claro al respecto, comentando que los rescates en la zona euro han funcionado tan bien que impidieron en su momento los necesarios ajustes que pedían los mercados. Ha llegado entonces el momento de hacerlos y es así como el euro volverá a acompañar al dólar en su descenso a los infiernos, al mismo tiempo que fingen desde Alemania descontento y malestar. Imposible otra opción.
De ahí que mientras se informa de estos hechos, se hayan levantado dos propuestas tan radicales y desesperadas que invitan a pensar que los posibles escenarios futuros anticipados por las modelizaciones matemáticas son particularmente dolorosos a pesar de los rescates. Abrió la espita Volcker cuando sentenció ante su auditorio a finales de 2009 que la única innovación financiera de la banca en los últimos 25 años habían sido los cajeros automáticos. Pero ahora las críticas ya no son sarcásticas, sino abiertas y radicales. Prueba evidente de que la crisis tiene una profundidad muy superior a la que se anuncia, tal vez porque se está bordeando un riesgo sistémico de proporciones considerables.
El gobernador del Banco de Inglaterra Mervyn King propuso en una intervención reciente volver a un encaje bancario del 100%, defendiendo incluso en una carta privada la extensión de la Ley de Peel a los depósitos a la vista, con el objetivo de impedir a los bancos la creación de dinero. Pero el último y más radical anuncio ha llegado de la mano de Robert Zoellick, mencionando el oro como activo monetario y oponiéndose en apariencia por primera vez a la tradicional fobia Keynesiana contraria el clásico metal monetario. Pero sólo son apariencia.
Con independencia de las múltiples segundas y terceras lecturas que se puedan extraer de sus declaraciones, aquí las interpretamos como un segundo aviso a los mercados internacionales (primero fue el de Mervyn King) de que no se están resolviendo los riesgos posteriores a la crisis, manteniéndose el sistema internacional de pagos y el equilibrio de cambios flotantes todavía en una situación de extrema fragilidad. No en vano este aviso coincide con el anuncio del QE2 americano y el nuevo repunte de los CDS soberanos de algunos países periféricos de la zona euro.
No olvidamos que el Banco Mundial no deja de formar parte de esa tupida red keynesiana antes mencionada, pues ¿qué hace sino Zoellick con una una batuta en la mano dirigiendo la agenda del G20 de espaldas a los propios parlamentos nacionales? Pero recordar el oro como “punto internacional de referencia” y relacionarlo de nuevo con los activos monetarios es desde luego la sorpresa de la noticia. Una concesión al ala más ortodoxa en el mejor de los casos, pero una advertencia velada también para que sea todo el G20 quien controle el precio de este canario en la mina en el peor supuesto [Ver Por qué los bancos centrales dejan de vender oro I, II y III]. De hecho, si leen atentamente el artículo de Zoellick descubrirán un último intento de planificación, por lo que va a ser imposible ningún consenso: sólo se puede devaluar el dólar.
Por su interés y clara advertencia a la próxima reunión del G20, traducimos el artículo del presidente del Banco Mundial aparecido en el Financial Times el domingo 7 de noviembre de 2010 (comentado por Kike Vázquez).
El G20 debe mirar más allá de un Bretton Woods II
La reunión esta semana del G20 en Seul se perfila como la última prueba para la cooperación internacional, al mismo tiempo que se habla de guerras monetarias y aparecen desacuerdos sobre la política de Quantitative Easing de la Reserva Federal. Pero debemos preguntarnos ¿cuál es el fin de la colaboración?
Cuando el G7 experimentó la coordinación financiera en los años 80 gracias a los Acuerdos del Plaza y del Louvre, el foco de atención fueron los tipos de cambios aunque las cuestiones políticas tenían un enorme calado. La administración Reagan, encabezada por el entonces Secretario del Tesoro James Baker, consiguió resistir a un ataque proteccionista del Congreso semejante al que se vive hoy en día. Entonces se combinaron la coordinación monetaria con la puesta en marcha de la Ronda de Uruguay, que dio origen a la Organización Mundial del Comercio, permitiéndose los acuerdos comerciales con Canadá y México. Entonces los líderes internacionales trabajaron en las respectivas políticas domésticas para empujar la competitividad.
Como parte de este “paquete de aproximación”, los países del G7 dirigieron el fundamento del crecimiento, que es el equivalente a la agenda de reformas estructurales de hoy en día. Por ejemplo, la Tax Reform Act de 1986 amplió la base de ingresos al mismo tiempo que recortaba los ingresos marginales de los impuestos sobre la renta. El Sr. Baker trabajó con sus colegas del G7 y los bancos centrales para orquestar una cooperación internacional que construyera la confianza en el sector privado.
¿Cuál debe ser nuestra aproximación hoy en día?
En primer lugar centrarnos en los fundamentales. Pues un grupo significativo de miembros del G20 debe ponerse de acuerdo para construir agendas paralelas sobre reformas estructurales. No para reequilibrar la demanda, sino para estimular el crecimiento. Por ejemplo, se supone que el próximo plan quinquenal de China se va a centrar en potenciar más los negocios domésticos y el sector de servicios que la industria de exportación. Proporcionando más servicios sociales y cargando la financiación más sobre empresas particulares que sobre los conglomerados oligopólicos en propiedad del estado, aumentando así la productividad y la demanda interna.
Con un nuevo Congreso, EEUU se dirigirá al gasto estructural y el creciente déficit que está impidiendo el crecimiento futuro. El Presidente Barack Obama ha hablado también de nuevos planes para impulsar la competitividad y reanimar los acuerdos de libre comercio.
EEUU y China podrían ponerse de acuerdo sobre asuntos específicos, dando los pasos necesarios que impulsen una vez más el crecimiento. Ambos deberían ponerse de acuerdo también en la apreciación del renminbi, o en un movimiento más amplio en las bandas de fluctuación de ambas monedas. A cambio EEUU podría dejar de emprender acciones puntuales de proteccionismo contra China. O mejor aún, avanzar en los acuerdos para abrir los mercados.
En segundo lugar, las demás economías (empezando por el G7) deberían renunciar a intervenir en los mercados monetarios, excepto en casos excepcionales y en acuerdo con los demás. El resto de países del G7 podrían desear empujar la confianza, acometiendo también planes estructurales de crecimiento.
El tercer paso debería consistir en asistir a las economías emergentes para ajustar las asimetrías en las recuperaciones sobre tipos de cambios flexibles y políticas monetarias independientes. Algunas podrían necesitar herramientas para poder hacer frente a los flujos de dinero especulativo a corto plazo. El G20 podría desarrollar las normas necesarias que guiaron estas medidas.
En cuarto lugar, el G20 debería apoyar el crecimiento centrándose en los cuellos de botella por el lado del suministro de los países emergentes [N del T: aquí se incluye especialmente el petróleo]. Todas esas economías ya están contribuyendo a la mitad del crecimiento mundial y su demanda importadora está creciendo el doble de rápido que las economías avanzadas. El G20 debe apoyar las infraestructuras, el desarrollo agrícola, de la salud y el trabajo. El Grupo del Banco mundial y los respectivos bancos locales para el desarrollo podrían ser los instrumentos que permitieran construir múltiples polos de crecimiento futuro, basado en el desarrollo del sector privado.
En quinto lugar, el G20 debe complementar su programa de crecimiento con un plan para construir un sistema monetario que refleje las condiciones de las economías emergentes. Este nuevo sistema sería necesario que incluyera el dólar, el euro, el yen, la libra y el renminbi, moviéndose hacia un proceso de internacionalización y hacia una contabilidad abierta del capital.
El sistema debería considerar emplear el oro como un punto internacional de referencia sobre las expectativas del mercado sobre la inflación, la deflación y futuros valores monetarios. Aunque los libros de texto vean el oro como un dinero del pasado, los mercados lo están empleando hoy en día como un activo monetario alternativo.
El desarrollo de un sistema monetario que tenga éxito igual que el anterior “Bretton Woods II” en 1971 va a requerir tiempo. Pero tenemos que comenzar. El alcance de los cambios llevados a cabo desde 1971 permitieron un crecimiento económico robusto. Ahora el trabajo a realizar podría incluir cambios en las estructuras del FMI que permitieran revisar tanto el capital como las políticas actuales. Conectando además el aforo monetario con las obligaciones de la Organización Mundial del Comercio, sin emplear las políticas monetarias para remover las concesiones comerciales.
Este es el paquete de aproximaciones que se alcanzaró en la útima reunión del G20, pero las ideas deben ser prácticas y alcanzables, no radicales. Lo que tiene una clara ventaja. Proporciona crecimiento y una agenda monetaria que trabaje en paralelo con las reformas del sector financiero de los países del G20. Esto podría ser construido sobre acciones puntuales crecientes, combinadas con pasos creíbles que se vayan sucediendo en el tiempo, permitiendo al mismo tiempo los necesarios diálogos políticos. Esto podría reconstruir la confianza del público y los mercados, que van a permanecer con dificultades hasta el 2011. Y quizá lo más importante sea que este paquete de medidas podría conseguir que los gobiernos se adelantaran a los problemas en vez de reaccionar después de las tormentas políticas y sociales.
¿Conducir o ir a la deriva? Según decida el G20 se podrá ver si la cooperación multilateral puede conseguir una recuperación económica robusta.
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Pues nada, a pasarlas estrechas con los sultanes del swing.

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4 Comments
Antonio
(@www.twitter.com/criptero) 09 Nov 2010 07:11 pm
El volver al patrón oro hay que aterrizarlo. La masa monetaria es mucho mayor que lo que se puede representar con el oro disponible. Si esto se hiciera de golpe, multiplicaría el precio del oro por 10 y hundiría las economías cuya balanza de pagos no estuviera equilibrada (USA, España…). Imagina USA saldando balanza de pagos con China cada mes y enviando containers de 40 pies llenos de oro a Pekin para compensar su deficit, asusta, eh?
El primer paso podría ser obligar a la FED a compensar en su pasivo sus perdidas REALES contra un incremento en la valoración de sus reservas de oro.
No tengo muy claro que intenta la FED dándole a la máquina de imprimir billetes. Para que eso sirva como estímulo económico debe de ser coordinado por todos los bancos centrales, si no está transfiriendo renta hacia sus socios comerciales o está metiendo el dinero en el bolsillo de sus clases medias para que sus empresas puedan seguir aguantando a nivel internacional, aun a costa de empobrecer el conjunto.
physis1
10 Nov 2010 09:11 am
El capital circulante se liquida con letras de cambio sobre oro. No sobre oro simplemente.
Hoy circulan muchas formas de pago. Es ridículo pensar que con el patrón oro iba a circular sólo el oro como forma de pago.
Anonymous
(@Twitter) 15 Nov 2010 03:11 am
Gran post, muchas gracias.
Anonymous
28 Mar 2011 08:03 am
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