En un discuro el 15 de junio de 2006 en el Economic Club of Chicago, el Presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke dijo lo siguiente:
Unos precios energéticos más elevados pueden tener efectos indirectos sobre la inflación si, por ejemplo, las empresas trasladan los costes crecientes de producción bajo la forma de precios al consumo más elevados a los bienes y servicios no energéticos.
Cuando hablamos de precio, debemos entender que hay dos precios: el que piden los productores o vendedores y el que ofrecen los compradores. Y así es como se descubre cuánto vale algo, mediante los ask y los bid de la misma forma que se hace en los zocos. Con independencia de los costes de producción asociados a cualquier bien y servicio, es el consumidor quien tiene la soberanía demandando siempre el precio más barato posible mientras el mercado se encuentra abastecido. Y no sólo el que consume manda sobre el precio, sino también sobre qué productos y servicios deben producirse, de qué calidad y en cuántas unidades.
Es evidente que a partir de un precio algunos consumidores pierden su disposición para adquirir un bien, descolgándose de la compra y dejando unidades o partidas completas de productos que sólo podrán ser vendidas a un precio inferior que atraiga de nuevo su voluntad de comprar. Y si lo que sobra no es producto sino compradores, entonces el precio desanima a los que tengan menor poder adquisitivo o símplemente expulsa a los de menor disposición.
¿Qué es entonces lo que entendemos por precio? Pues el tipo de cambio entre los dos bienes que intervienen en una transacción. Es decir, el tipo de cambio de un bien con respecto del otro. Y cuando el bien que llamamos dinero queda asociado no a un producto, sino a una moneda, el precio será entonces la cantidad de unidades monetarias.
Ahora bien, permaneciendo todo igual, si alguien aumenta la cantidad de unidades monetarias (un banco central o el propio sistema bancario) a disposición de los consumidores (sean éstos institucionales o particulares), los precios suben de una forma descoordinada y a esto lo llamamos inflación.
Pero puede suceder también que el precio de algún producto no suba por la inflación, sino porque comienza a escasear o porque algún grupo con intereses particulares está cartelizando de forma coordinada la disponibilidad de la materia prima. Ambas situciones se han producido con el petróleo.
Si en los dos casos anteriores (escasez o cartelización) las unidades monetarias permanecen invariantes, entonces el conjunto de consumidores se ve forzado a entregar más dinero por la misma cantidad de petróleo o derivados. Por lo que a partir de ese momento aparece menos dinero para el resto de bienes que guardan menos relación con los productos petrolíferos y sus derivados. Por ejemplo, en el caso de los productos agrícolas más perecederos, habría menos dinero disponible para destinar a productos de proximidad y orgánicos, que bajarían de precio.
Es decir, al principio la inercia de gasto destina más dinero hacia los productos con mayores costes energéticos, desincentivando su consumo según el precio es cada vez más caro. Y al quedar menos dinero disponible para los productos menos intensivos en energía, estos bajan de precio por la merma en el poder adquisitivo que sufre la demanda. Incentivándose automáticamente su consumo por ser más baratos y acomodándose la inercia anterior hacia productos no derivados de hidrocarburos fósiles. Y esto tanto sobre los productos agrarios más perecederos (hortofrutícolas) como con los proyectos energéticos a más largo plazo y costosos (energía nuclear de fisión y fusión). La escasez termina provocando los mecanismos económicos y sociales adecuados para encontrar las sustituciones o crearlas de cero, como es el caso de la energía nuclear y los nuevos avances en agricultura orgánica.
Es importante insistir que en el párrafo anterior se asume que no cambia la cantidad de dinero disponible para gastar o invertir, sino que sólo se modifica la composición del gasto al destinar más dinero al petróleo y sus derivados que al resto de productos. Y como no aumenta la cantidad de dinero, tampoco lo hace la inflación, pues la subida de unos precios queda compensada por la caída de los otros.
Por lo tanto, el incremento en el precio del petróleo sólo puede provocar inflación si su subida viene acompañada de una expansión monetaria anterior. Y así es como se ha producido.
Por lo que respecta al caso de cartelización:
En la gráfica se aprecia claramente que primero aparece el banco central hundiendo los tipos de interés y a continuación se expande el crédito y la masa monetaria. Cuando el precio del petróleo explota (en porcentaje sobre el año anterior y con escala en la derecha), provoca una inflación generalizada que no se habría producido de no existir previamente la actuación del banco central.
Por lo que respecta al caso de escasez:
Los tipos permanecen bajos durante todo el periodo considerado, expandiéndose el crédito por encima del 8% de media cada año. Cuando comienzan a estresarse la demanda a partir de 2005 el precio del petróleo sube con fuerza. Otra vez aparece la Reserva Federal tomando la iniciativa sobre la reducción del interés bancario. Durante este periodo destacan además las ya conocidas burbujas inmobiliarias.
Aquí un gráfico más detallado sobre el crédito en EEUU. Faltaría solaparle los ciclos de inflación.
Los equilibrios en las balanzas comerciales a nivel internacional es uno de los pocos lugares donde podemos observar el efecto de ajuste. Cuando sube el precio del petróleo, los países productores absorben momentáneamente en su favor la liquidez del sistema internacional de pagos, provocando que aparezca menos dinero para comprar las exportaciones (porque son más caras y porque merma el poder adquisitivo por la crisis económica). Obsérvese cómo EEUU corrige en parte sus desequilibrios gracias a los exportadores de crudo, a pesar de que también sus importaciones de petróleo pasan a ser más caras.
Durante el periodo 1978-82 Japón y Alemania pasan a tener balanzas comerciales deficitarias y EEUU corrige su déficit comercial, aunque no aparecen representados los ingresos de los productores, que drenan una vez más la liquidez del sistema.

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3 Comments
Sóc de Madrit
(@Twitter) 20 Oct 2010 05:10 am
Muy interesante tu disertación sobre la inflación a partir de la re-composición de preferencias en el consumo. La desgracia es que (en el caso penoso de España no puedes escapar de los precios de el pisito), para la mayor parte de la gente no hay opción (salvo precios de escándalo) a sustituir la gasolina, con lo que hasta cierto nivel de preferencias no hay “reacción”. ¿Podrías aclararnos a los profanos si los planes de estímulo previstos en EEUU son para autocomprarse deuda (T-bonds), no inyecciones y no tendremos que sufrír cuando vamos a repostar como pasó hace 2 años?
physis1
20 Oct 2010 06:10 am
El objetivo de las inyecciones de liquidez es precisamente producir inflación en los activos. Y el petróleo es uno de ellos, tal vez de los más importantes.
Por otro lado, la recomposición de las preferencias en el consumo por lo que respecta al petróleo sólo se puede producir a largo plazo y con la fusión nuclear y la aparición del coche eléctrico. Y ya he explicado en una entrada anterior por qué llega tarde.
Helene
(@Twitter) 20 Apr 2011 07:04 pm
Great thniknig! That really breaks the mold!