Japón ha dejado ya de ser la nación rica que era a mediados de los años 80 gracias paradójicamente a su principal socio comercial. Habitan las islas 22 millones de personas que viven en la pobreza y la mitad de la población activa desarrolla trabajos a tiempo parcial o en precariedad laboral. Está creciendo una nueva generación de trabajadores que ya no disfrutan de la seguridad y remuneración de sus progenitores.
La prosperidad de Japón (y Alemania) creció gracias al desequilibrio comercial de EEUU y una portentosa disciplina de trabajo junto con un poderoso ahorro interno. Pero a comienzos de los 80 se vio necesario corregir los desequilibrios ajustando los cambios entre el dólar y las monedas de Japón, Alemania y Francia. El acuerdo se corroboró en el Hotel Plaza de Nueva York el 22 de septiembre de 1985 y sólo dos años después el dólar había perdido la mitad de su valor contra el yen y un 30% con respecto al marco alemán. Es decir, ambas monedas sufrieron un aumento considerable en su poder adquisitivo.
Alemania pudo absorber el impacto de la revalorización del marco gracias a la caída del muro de Berlín en 1989 y el Tratado de Reunificación del 3 de octubre de 1990. Este hecho permitió diluir la fortaleza de la moneda en la creación de nuevo capital y bienes de equipo, dejando al país con una inmejorable capacidad instalada ya amortizada para competir en la zona euro cuando comenzó diez años después la unificación europea. También trabajó mucho la diplomacia germana comprando voluntades políticas en la zona Med, pero eso es asunto de otro articulo que trataremos en su momento.
Esa “ventaja” alemana no estuvo al alcance de Japón, que a partir de 1985 sufre la explosión en paralelo de dos burbujas descomunales en la bolsa y el mercado inmobiliario. Ambas terminaron explotando 5 y 6 años después respectivamente con unas consecuencias desastrosas para su economía.
Como se puede apreciar claramente en las gráficas de la derecha, el sector inmobiliario y la bolsa se dispararon justo después de los acuerdos del Plaza. La brusca revalorización del Yen supuso un incremento repentino de riqueza para los ciudadanos japoneses, que de golpe pasaron a ser no sólo alegres turistas por todo el mundo, sino especialmente inversores en su mercado bursátil e inmobiliario.
Japón comenzó a perder su competitividad en favor de China y se vio obligado a externalizar sus producciones en el sudeste asiático, provocando en parte las burbujas que más tarde explotarían por los países de esa zona. Al mismo tiempo (una vez finiquitadas también sus propias burbujas), en vez de dejar quebrar las partes más débiles de su sistema bancario, el banco central las sostuvo mediante unos tipos de interés próximos a cero. Eso ha provocado que el país se desangrara en una lenta agonía que ha pretendido camuflar el gobierno incrementando el gasto público. Como la población no ha podido (y no ha querido) asumir más deuda, esos tipos deprimidos sólo han beneficiado a las grandes empresas de infraestructuras y a los inversores foráneos que, gracias al carry trade con el yen, pudieron invertir en los valores tecnológicos americanos con dinero muy barato financiado desde Japón, creando la burbuja dot-com entre 1995 y 1999.
No obstante, surge una pregunta obvia. Si Japón consiguió un excedente tan grande de dólares, ¿por qué el gasto público ha tenido que ser financiado con el ahorro interno del país? ¿No han podido desarrollar esas reservas de divisas internamente? Pues no, porque se las comió EEUU y de eso es precisamente de lo que va este artículo de Antal Fekete. ¿La causa? Ese invento que se llama “cambios flotantes entre las divisas”.
Tipos de cambios flotantes: el esquema para apropiarse ilícitamente los dólares de los balances de los países con excedentes comerciales
La teoría de Milton Friedman sobre los tipos de cambios flotantes es el pilar sobre el que se fundamenta el sistema monetario desde 1971. Pero ha dado lugar a un régimen coercitivo porque los estatutos del FMI prohiben a los países miembros estabilizar y fijar entre ellos el valor de sus monedas. Cualquiera que lo intente queda etiquetado como un “manipulador de su divisa” y es amenazado con sanciones comerciales.
Esta prohibición es perfectamente comprensible, pues se ha diseñado para proteger el esquema que permite a EEUU robar furtivamente los dólares excedentarios que consiguen en sus balances los países exportadores. Funciona de la siguiente manera: EEUU atrae con sus cantos de sirena a los confiados países exportadores para que se zambullan en el agujero negro de la revaluación monetaria contra el dólar. A partir de ese momento, un buen pedazo de sus excedentes monetarios en dólares son succionados por EEUU. En efecto, Norteamérica fuerza a sus socios comerciales que incurran en un fuerte superávit comercial para que subvencionen a continuación y sin darse cuenta una cancelación parcial de la deuda americana mediante la revaloración de su moneda.
Es así como funciona este robo, donde EEUU hace el papel de banca en la partida, porque al final de la jornada se apropia de buena parte de las fichas del resto de jugadores. Y esto lo consigue gracias a ese juego de espejos que es la libre flotación de divisas. Pero ningún régimen que se base en el robo puede perdurar. El único sistema monetario que opera en igualdad para todos los países es el de cambios fijos. Y la única forma de construir un sistema de este tipo es hacer que el conjunto de monedas internacionales sean canjeables por oro.
La teoría de Friedman es una gran mancha en la ciencia económica y mancilla la buena fe en la que deberían basarse las relaciones comerciales entre EEUU y sus socios.
Cambios fijos contra cambios flotantes
Al presionar a China para que siga el ejemplo de Japón revaluando el yuan contra el dólar, los doctores monetaristas americanos parecen no entender que están pidiendo a China que asuma una pérdida semejante a la que ya asumió Japón, por valor de varios billones de dólares. Porque China lleva sus libros contables en yuanes. De forma que si su moneda se revalorizara un 10% contra la moneda americana, automáticamente se produciría una reducción también del 10% en la cuantía de sus reservas en dólares nominadas en yuanes.
Pero entonces surge la siguiente pregunta. ¿Con qué derecho un país con déficit exteriores crónicos como EEUU, y que ya incumplió el pago de sus obligaciones el 15 de agosto de 1971, puede pedir a China que cancele parte de su deuda?
Aún hay más. Si China cede a la presión americana y revaloriza el yuan, esto significaría no sólo una reducción directa de la deuda, sino mantener el compromiso de que otros países se deberán añadir a continuación a esta peculiar disciplina monetaria impuesta de forma unilateral. Dejando a la altura del betún la idea de que son naciones libres e independientes las que comercian entre ellas por su propio beneficio. Este hecho haría de China un vasallo de EEUU, un papel no puede aceptar por propia dignidad nacional.
Incumbe al deudor y no al acreedor hacer los ajustes necesarios para corregir los desequilibrios comerciales. La posición contraria es la que defiende Keynes y es una falacia. Vuelve las cosas de arriba a abajo porque penaliza el ahorro y el trabajo de los acreedores, al mismo tiempo que premia la indolencia y el derroche de los deudores.
La lenta tortura de Japón
Inmediatamente después de conseguir que el dólar fuera una moneda inconvertible, EEUU comenzó a desarrollar un déficit comercial imparable. Usando la falsa teoría de Milton Friedman según la cual los tipos de cambios flotantes hacen más fuerte la moneda del país con excedentes comerciales, los japoneses comenzaron a exportar mientras los americanos se cruzaban de brazos. Llegado el momento, los americanos movieron ficha y Japón se vio obligado a revalorizar su moneda sin darse cuenta que estaba incurriendo en una pérdida de reservas monetarias equivalente a la revalorización.
Es decir, si un dólar pasó de 300 a 100 yenes, entonces la deuda americana con Japón se redujo un 66%. O lo que es lo mismo, el excedente de divisas quedó reducido a un 33%. Esta clara intervención fue llamada en su momento como una opción de “libre mercado”, cuando es evidentemente una estafa. Los japoneses estuvieron trabajando muy duro más de 20 años para exportar a los americanos, pero llegado el momento sólo han cobrado un 1/3 de lo estipulado.
Evidentemente, los timos a esta escala tienen sus consecuencias. De hecho es lo que está haciendo quebrar a Japón, que era precisamente uno de los países con mayor fortaleza financiera del mundo. Porque cuando ha llegado la hora de usar las reservas almacenadas, resulta que se han evaporado gracias a los funestos acuerdos del Hotel Plaza.
Cuando los japoneses han protestado, los doctores americanos del dinero se han apresurado a explicar que la solución consitía en que Japón se endeudara para incurrir en gasto público. Pero nunca han dicho que EEUU iba a corregir su balanza comercial, que es precisamente lo que se debería haber hecho. Por eso Japón ha pasado de ser un país prácticamente sin deuda a encontrarse ahora mismo con el agua al cuello, de forma que hasta China tiene que comprar la deuda nipona para impedir que suban los tipos de interés en el país y evitar su colapso. Todo un detalle que a buen seguro China sabrá aprovechar en su momento.
EEUU ha jugado con Japón el papel de un matón, vendiendo en esta partida internacional de póker de las monedas inconvertibles un farol, que consiste simplemente en que los dólares son instrumentos monetarios válidos para cancelar las deudas. Pero esto no es cierto y ya va siendo hora de que alguien destape el farol antes de que nuevos países sucumban a la presión y pierdan sus excedentes de reservas. Puede ser que China sea el primer país en despertar. Y si además permite monetizar el oro, entonces resolverá el actual embotellamiento de la deuda.
A continuación EEUU perdería su liderazgo monetario mundial, evidentemente.
Sobre Japón:
Cuando Japón colapse
La inescrutable deuda japonesa
Juan Ramón Rallo aclara además en LD algunos aspectos interesantes sobre el excesivo ahorro de China y Paul Krugman.

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4 Comments
Anonymous
(@Twitter) 04 Nov 2010 08:11 pm
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Lora.
Anonymous
26 Nov 2010 08:11 am
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Carl
(@Twitter) 11 Feb 2011 11:02 am
¿No causaría el mismo efecto que la revalorización del Yuan la devaluación del dolar?
physis1
11 Feb 2011 01:02 pm
No lo creo, porque el dólar es moneda de reserva y afecta al conjunto internacional de divisas. El yuan afecta sólo a su propio mercado (que no es poco) y a los acuerdos bilaterales con sus socios comerciales.