
Gracias a esta entrada en el blog de Francisco Llinares he podido leer una interesante entrevista a Vladimir Volkoff sobre el concepto de lo “políticamente correcto”. Como en ella se apunta a uno de los males más perversos de nuestra sociedad pero no se termina de resolver la problemática en la entrevista, no he podido resistirme acercar al lector este artículo de Francisco Canals titulado Monismo y Pluralismo en la vida social.
Volkoff define lo “políticamente correcto” como “la observación de la realidad, la sociedad y la historia en términos maniqueos”. Pero más adelante dice que nadie lo ha inventado porque “nace como consecuencia de la decadencia del espíritu crítico de la identidad colectiva ya sea social, nacional, religiosa o étnica”.
Sin darse cuenta define su origen cuando dice “en términos maniqueos”. Porque es precisamente en el maniqueísmo, el zoroastrismo y gnosticismo donde se encuentra el origen intelectual de la división dialéctica de la realidad. Por otro lado, incluye a la religión como un estrado más del maniquísmo y dice que la única solución se encuentra en el ejercicio de la ”razón crítica”. Con independencia de lo que opine sobre la religión, la solución a la dialéctica no se encuentra en el mero ejercicio crítico de la razón, sino en cuanto ésta busca principios unitarios superiores que demuestran cómo la división dialéctica es mera apariencia y comprensión incompleta de la realidad. Por supuesto, esta comprensión unitaria puede aportarla tambien la fe.
Por otro lado, como bien apunta Volkoff, la dialéctica va íntimamente unida a la dualidad bueno-malo, donde ambos términos tienen entidad propia. Una falacia que se resuelve rápido demostrando que el mal no tiene entidad sino que es ausencia de lo bueno. Es decir, analfabeto se dice del que no sabe leer como enfermo se dice del que no tiene salud. La carestía no tiene entidad sino en cuanto referencia a algo, que es lo que entrega esa entidad por predicación negativa.
Las “trampas dialécticas” son tan útiles para encerrar al adversario en un argumento sin salida que es precisamente la estrategia que seguían los fariseos para que Jesús de Nazaret quedara a su merced, porque con independencia de lo que contestara caía en contradicción sobre sus principios evangelicos. De forma sorprendente sale siempre adelante poniendo un principio superior que resuelve la aparente contradicción.
Otro ejemplo dialéctico de trágicas consecuencias fue el famoso “quien no esté con nosotros está contra nosotros” del señor Bush cuando quería justificar la invasión de Irak. Esta frase tiene fácil solución invocando un principio superior de diplomacia no beligerante por falta de pruebas que justificaran el casus belli. Pero la característica actual de la dialéctica es que viene arropada de un poderoso aparato mediático que aprisiona al espíritu crítico y lo demoniza como disidente. Esto se consiguió mediante el shock colectivo que supuso el 11 de septiembre, aunque cada vez tiene más visos de ser un acto de terrorismo de estado que se ha imitado posteriormente en varios países. Prueba suficiente (para quien la acepte) de la sorprendente capacidad violenta que ha desarrollado el poder dialéctico de la política para imponer su voluntad sobre una población cada vez más medrosa y desnortada.
Advierto finalmente al lector que Canals es un pensador católico y en consecuencia establece un principio de unidad afín a sus principios. Este motivo tal vez sea suficiente para que deje de leer el artículo a partir de este momento todo el que sienta cierta fobia hacia el cristianismo o la trascendencia de la vida humana. No obstante, su análisis es válido con independencia del credo (o no credo) del lector pues es precisamente la razón la que descubre siempre el principio unitario y la fe sólo la presupone y perfecciona en esta búsqueda. Esto es además lo que encuentro a faltar en el análisis de Volkoff: ¿cómo puede desarmar la sociedad esa dialéctica de lo políticamente correcto? Pues estableciendo un principio de unidad social por encima de cualquier ejercicio dialéctico del poder.
Se acercan tiempos difíciles en los que la manipulación va a ser la herramienta útil para que unos lobos disfrazados de corderos guíen los destinos del común hacia el redil de sus voluntades. Temo que uno de los medios más coactivos será poner a la sociedad en sucesivos estados de pánico hasta quedar mansa y dócil como un ser lobotomizado. Nos conviene en consecuencia estar armados intelectualmente si aún se alberga la esperanza de que la libertad será el premio para el perseverante. Por eso espero que esta lectura les sea útil.
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