
Las Guerras del Opio del Reino Unido con China se producen en dos etapas: 1839-1842 y 1856-1860. Se deben a la balanza comercial inglesa deficitaria frente a China, que importaba mucho más de lo que exportaba a cambio de vaciar sus reservas de plata (base monetaria del momento) en favor de China, que a su vez sufría de un excedente de ingresos con difícil digestión para su economía. La solución que pusieron en práctica los ingleses fue vender opio en el mercado negro chino a cambio de plata, equilibrando así la cuenta corriente después de drogar a la población.
El Emperador Yongzheng prohibió la venta de esta sustancia por la velocidad con que crecía la dependencia entre sus súbditos (el opio es la base de la heroína). Esto molestó a los ingleses hasta el extremo de provocar dos guerras que derrotaron al ejército chino, lo que permitió la imposición de los Tratados Desiguales y la entrega de Hong Kong a la corona británica por el Tratado de Nankín.
Esta situación humillante derivó hacia la Rebelión de Taiping (1850-1864), la Rebelión Boxer (1899-1901) y finalmente la caída de la Dinastía Quing (1644-1911) por la Revolución de Xinhai, que dará lugar a la inestable República China hasta pasar a ser Popular en 1949 por Mao Tse-Tung después de la guerra civil que comienza en 1947. Mao prohibe y pena el consumo de opio e impone el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural comunista.
Fekete compara el dólar con el opio en su triple relación con el tipo de cambio, la guerra comercial y la adicción que supone la deuda americana para su propia economía.
Por otro lado, este artículo tiene fácil traslación al caso español ahora que tanto se habla de “devaluaciones internas” o salidas del pacto monetario europeo para volver a una nueva peseta devaluada (un 50% según ING). En este sentido completa muy bien el artículo de Fekete el comentario de Mauro Mazza a esta entrada de Facebook sobre el efecto J de Marshall-Lerner. Porque agotados los inventarios después de la devaluación, su reposición sólo se puede hacer trasladando las estructuras de producción más intensivas de capital hacia otras más intensivas en mano de obra, compensando las importaciones de inventario más caras con reducciones salariales equivalentes. Por otro lado, es evidente que si además de un desequilibro en la cuenta corriente existe otro en las cuentas financieras, la carga de la deuda aumenta con la devaluación y termina destrozando cualquier ventaja competitiva a no ser que se opere una quita de la deuda equivalente a la devaluación.
Si no se cumple la condición de Marshall-Lerner entonces vale el artículo de Fekete y el ejemplo más claro es la devaluación del Yen con respecto del dólar en 1/3 después de los acuerdos del hotel Plaza, que todavía agravaron más la balanza comercial entre ambos países a favor de Japón en razón de 2 a 1 [de -46.152 M$ en 1985 a -89.722 M$ en 2006] antes de desarrollarse la crisis.
A continuación el artículo.
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